miércoles, 16 de febrero de 2011

sobreexcitación literaria


Como estoy trabajando en la carta de presentación para el agente editorial y en la propuesta de edición de la novela que escribí el año pasado, Lobo, no he podido resistir la tentación de releer la novela y volver a corregir todo aquello que no me terminase de convencer.

He tardado dos días en releer y toda la tarde en completar y corregir. Ha salido, como suele pasar, un capítulo más. ¿Cuál es la consecuencia de esto? O mejor, ¿cuál es la consecuencia de estar desde las cuatro de la tarde hasta las diez de la noche trabajando en los últimos detalles y en un capítulo más? Pues que ahora estoy que me subo por las paredes, tomándome una tila doble mientras escucho Maybe this time en el ordenador. 

Ha sido un día nublado hasta el atardecer, cuando el cielo se limpió de nubes y apareció azul ante mi ventana. Ha sido un día complicado de trabajo en el que he tenido que enfrentarme a un alumno con una situación familiar muy conflictiva, en el que he jugado también con toda mi clase a identificar pronombres y determinantes -y no he dado crédito porque se han divertido-. Ha sido un día de palabras, de sorprenderme con mis propias palabras, de inquietarme y emocionarme, frustrarme e ilusionarme. 

Ahora debería ser un día de descanso, debería encontrar entre las mantas el silencio reparador... pero mi cabeza no se calla. Creo que si la dejase, escribiría una segunda parte de la novela. 

martes, 15 de febrero de 2011

into the wild


El domingo, Manolo nos puso Into the wild, una película basada en hechos reales sobre un chico americano que lo deja todo para irse a vivir a la naturaleza. Lo deja todo sin avisar, dona todos sus ahorros y haciendo dedo llega a Alaska, donde pretende encontrar el sentido de la vida. 

La película me encantó, sobretodo la banda sonora y la fotografía, pero me faltó, en todo el proyecto del protagonista, algo que considero fundamental: el amor. Era una opción egoísta, desde el principio. Me cuesta trabajo entender la idea de dejarlo todo únicamente por vivir en soledad. Pero, de todos modos, me tienta lo radical de la decisión. 

Tengo la sensación de que hemos perdido perspectiva. Me da cierto vértigo concebir el camino que ha emprendido el ser humano a lo largo de la historia para verlo a la luz del hoy -mucho más vértigo verlo a la luz del mañana. ¿Qué coño estamos haciendo? En realidad, ¿qué coño hago yo? Y perdonadme el tono ciertamente ordinario que estoy adoptando, pero es que me siento realmente frustrada cuando asumo que mi vida durará unos años y que en ellos no estoy ayudando a que las cosas mejoren para nadie. 

¿De dónde venimos? ¿A dónde vamos? ¿Qué sentido tiene todo? ¿Por qué escribo? ¿Por qué no hacerlo? ¿Dónde está la coherencia? ¿Dónde el principio? 

Todos somos conscientes de que cada vez la manzana está más podrida, en todos los sentidos. Aún así estamos cómodos, no nos afecta directamente, nada. Hemos perdido la fe en la capacidad del hombre para hacer las cosas bien. No creemos en Dios. No creemos en héroes. No creemos en nosotros mismos. Y aún así seguimos aquí, sosteniendo la oportunidad entre las manos sin saber si va a explotarnos o no. 

Una vez escuché a mi madre decir que es más fácil hacer felices a los demás de lo que nos pensamos. A lo mejor el secreto está ahí. Yo no paro de preguntármelo. 

lunes, 14 de febrero de 2011

desmintiendo


Desde hace un tiempo vengo leyendo comentarios en los que dais por supuesto que Marta y yo somos pareja. Lo siento. Tengo que desmentirlo. Marta es mi amiga. Marta es esa amiga que al principio no era tan importante, pero que después comenzó a brillar y a llenarlo todo. Durante mucho tiempo fue y ha sido puerto seguro, tierra firme, lugar de reposo y calma. Yo enseñé a Marta a abrazar y ella me recordó que dentro de mí había una niña que seguía queriendo ser una princesa y ser la primera en todo, la favorita. 

Durante años, Marta y yo hemos crecido juntas, hemos aprendido lo bueno y lo malo de la otra, hemos crecido desde nuestros errores y nos hemos lamido las heridas cuando ha hecho falta eliminar la sal. Pero no estamos enamoradas, como se entiende normalmente. Tampoco somos sólo amigas. Quizá nuestra relación es de mayor dependencia, no la podría catalogar. La verdad es que, simplemente, no la quiero catalogar. Marta es Marta y la amo de la manera en la que a amo a muy pocas personas, a Javier, a Marina, a los niños y a ti. 

Marta y yo hemos trazado lazos a través de las vivencias, del arte, de la poesía y de los kilómetros entre mi casa y Madrid, el mar y Madrid, ella y Madrid. Habría sido fácil seguir dejando crecer las elucubraciones, pero no me gusta engañar a nadie. Nos queremos mucho, pero no como podáis pensar. El blog "cómo amar a Marta", son consejos que le doy a la propia Marta para amarse más a sí misma, para sentirse llena de magia cuando el mundo la vacía. Porque Marta es un ser mágico encerrada en un mundo gris que no la comprende muchos días. 

Siento las confusiones, pero es que yo no estoy enamorada de Marta. Estoy enamorada de ti. 

viernes, 11 de febrero de 2011

ando buscando agente


Pero no secreto, ni inmoviliario, sino literario. Agente literario, porque llega un punto en el que me descubro incapaz de entrar en la vorágine de las editoriales, los derechos de autor, los contratos, las promociones... Yo soy escritora, no burócrata. Yo puedo sentarme horas y horas a trabajar en una novela, pero soy un cero a la izquierda si tengo que mandar una carta de presentación a una editorial. El mero hecho de presentar una novela a concurso me cuesta horrores, no sirvo para documentos oficiales. Cada vez que tengo que rellenar un papel con mi nombre y apellidos me bloqueo. 

Por eso, después de una larga conversación con mi padre el viernes pasado, mientras volvíamos del lugar en que habíamos estado cenando, llegamos a la conclusión de que encontrar un agente sería la situación ideal. En primer término me pareció que sería una tarea complicadísima, ¿cómo saber quién es agente en este país? Y, después, ¿cómo ponerme en contacto con la agencia?

Más tarde llegó la pregunta: ¿cómo vivíamos antes de google? Porque nada más llegar a casa inserté en el buscador los términos "agente literario" y encontré una lista de pasos a seguir para encontrar uno. La empresa es desproporcionada, si me parecía complicado ponerme en contacto con una editorial, esto de encontrar un agente tiene trazas de convertirse en una hazaña épica si uno al final logra conseguirlo. Esa figura abstracta y campechana que era para mí el agente literario, se ha convertido de pronto en algo bastante parecido a los hombres grises de Momo, una especie de espías secretos de lo literario. Estoy asustada. 

Cada vez me siento más perdida en este universo de las letras que en mi infancia entreveía como un sistema utópico y que ahora, desde mi sofá blanco, me parece un feudo inabarcable. 

lunes, 7 de febrero de 2011

acompañar, cuidar


Yo sé lo que quiero yo, lo que necesito. Yo me conozco. Sé que si lloro no quiero palabras, sólo un abrazo. Si estoy enferma, quiero compañía silenciosa, y si tengo miedo, que me convenzan de mil maneras de que es una tontería estar asustada. Si estoy triste, quiero besos. Si cansada, ternura y que me preparen la cena sin preguntar. 

Pero cuando me toca estar al lado del que necesita la palabra justa, la caricia precisa... Entonces no tengo ni idea de nada. Voy probando, con inocencia, cada uno de los gestos que yo suelo requerir y, cuando me equivoco, intento corregirme con presteza, asustada por no saber cómo continuar. Porque sé que cada uno tiene sus maneras, los trucos adecuados. Hay quien precisa de palabras y quien reza por el silencio. A lo mejor el truco está en preguntar, pero nunca se me ocurre en el momento, y acabo sintiéndome patosa. Y me enfermo con el que enferma, lloro con el que llora, me asusto con quien tiene miedo, se me contagia la tristeza y el cansancio me quiere acostar. 

Recuerdo que un viejo amigo perdido se descomponía cuando yo comenzaba a llorar. Intentaba darme rápidas soluciones, hablando más de la cuenta, complicándolo todo más de la cuenta y haciendo el problema de proporciones: sideral. Llegó a paralizarme verter una sola lágrima en su presencia. El tiempo nos fue enseñando que, frente a la tristeza, él necesitaba humor y yo que se mantuviese callado abrazándome fuerte. Con el tiempo todo se aprende. 

Aunque, de todos modos, hay personas que son tu debilidad, que destrozan tu lado más práctico y fuerte con sólo sentirse mal. Los escuchas y a ti parece que se te encienden en el alma mil alarmas y corres de un lado a otro sin saber qué jarrón salvar de las bombas, sin saber dónde poderlos refugiar durante el terremoto.

(así que perdóname la torpeza connatural, me haré con un maletín de nenuco para compensar)

viernes, 4 de febrero de 2011

"tienes unas bonitas tetas para lo delgadita que eres"


Comentarios como éste me veo obligada a cercenar del blog. La primera vez que vi que me insultaban en un blog a través de un comentario, decidí que era hora de censurar lo que se dice y lo que no se dice en mis rincones. Cada uno tiene unas normas en su casa, a mí no me agrada demasiado la mala educación. No sé si el autor sólo pretendía hacer una alabanza y yo debía entender como un piropo el comentario, pero es difícil traducir así lo que dice un desconocido. Si mi mejor amigo me dice lo mismo, le guiño un ojo y me río. Pero si lo dice alguien con quien no tengo confianza, me parece inapropiado. 

De todos modos, no sólo censuro este tipo de comentarios. El poner la moderación de lo que decís me ha valido para conocer mucho más a algunos de vosotros. No me sorprende ya encontrar vuestros textos precedidos de un "no lo publiques, por favor" y leer entonces vuestras confesiones, vuestras anécdotas que, aunque no queréis hacer públicas, sí que deseáis compartir conmigo. Es un verdadero regalo. Gracias por cada una de las veces que habéis volcado en mí vuestra confianza, no me siento digna, la verdad. 

También hacéis preguntas muchas veces y yo nunca termino de contestar. Sabéis que soy un desastre y no visito vuestros blogs, muchos dejasteis de venir justo por eso, pero algunos continuáis apareciendo por aquí entregándome una atención absolutamente gratuita. ¡Y yo ni siquiera respondo a vuestra curiosidad! Así que, hoy, en esta entrada, dejo abierto el diálogo para responder a todo aquello que, con educación y dentro de la decencia, queráis preguntar. 

(responderé, en el caso de que surjan cuestiones, en el mismo formulario para los comentarios).

miércoles, 2 de febrero de 2011

orfeo se giró para mirar


Supongo que Eurídice iba rezando todo el camino porque conocía de la curiosidad de su esposo. Los héroes siempre acaban mirando o la curiosidad mató al gato. Disciplinarse a veces no sirve para nada, llega un momento de debilidad y justo a las puertas del infierno, te giras para mirar. Imagino el corazón de Eurídice relajándose: "por fin", pensaría, ella que lo supo desde el principio. 

La premonición llega de manos de la experiencia. Cuando bajaba en coche del trabajo, mirando el agua correr impetuosa por la ladera, observando las flores amarillas conquistándolo todo, me sentí momentáneamente inmensa. Inabarcable dentro de mí. Tuve por un momento la conciencia de mi posición en el mundo, de la genialidad de la existencia. Pero los sentimientos así dan vértigo y pronto fue sustituida la abstracta emoción por las tareas cotidianas y el pensar en la comida. 

A veces tienes la sensación de que perteneces a una constelación enorme, a un sistema solar, a una galaxia. En otras ocasiones sólo puedes pensarte como una diminuta estrella aislada en el centro del firmamento. Supongo que depende de lo que te acerques a la realidad. La visión de conjunto siempre da más perspectiva. Orfeo no tenía visión de conjunto, sólo atendía a la particularidad de la respiración de Eurídice tras él. ¿Cómo estaría? ¿La habría adelgazado la muerte? ¿Serían sus ojos negros como tumbas? Sus pasos, ¿eran un eco de los suyos? Particularidades. 

Me resulta muy complicado sostener el pensamiento universal, asumirme como un engranaje más, admitir la relación de causalidad, la de acción-reacción, la teoría de las cuerdas, el continuo. Es un vértigo demasiado liberador y estamos demasiado acostumbrados a no ser libres. La autosuficiencia es un veneno demasiado barato. Y el deseo se vende al por mayor.