lunes, 13 de marzo de 2017
hablemos
jueves, 12 de enero de 2017
ten miedo de la libertad
lunes, 10 de octubre de 2016
la violencia está en todas partes
martes, 16 de junio de 2015
mi aventura con mujercitas
jueves, 22 de diciembre de 2011
a nadie le gusta la navidad
miércoles, 3 de agosto de 2011
una de cenas
martes, 21 de junio de 2011
"La contemplación de la eternidad en el movimiento mismo de la vida"
lunes, 30 de mayo de 2011
la terraza
martes, 15 de febrero de 2011
into the wild
jueves, 7 de octubre de 2010
quien lo probó lo sabe
áspero, tierno, liberal, esquivo,
alentado, mortal, difunto, vivo,
leal, traidor, cobarde y animoso;
mostrarse alegre, triste, humilde, altivo,
enojado, valiente, fugitivo,
satisfecho, ofendido, receloso;
beber veneno por licor süave,
olvidar el provecho, amar el daño;
dar la vida y el alma a un desengaño;
esto es amor, quien lo probó lo sabe.
martes, 10 de agosto de 2010
el origen, los días y los hombres
miércoles, 4 de agosto de 2010
di me que yo
(Reactualizando unas horas después)
Chica me pide que sea como ella y que escriba cuáles son las peticiones que yo haría en la puerta de ese bar. Me ha retado y espero que él también responda al reto, con la misma valentía -un guiño traicionero-. Le he dado muchas vueltas y todavía no estoy convencida... pero allá va....
yo quiero un hombre que me diga te quiero como si cada día hubiese inventado esas palabras
que me bese como si estuviese aprendiéndome todo el tiempo
quiero un hombre que sienta vérgito cuando me mire
que sea capaz de escuchar mi verdadero sonido y me reconozca en el olor de mis libros
quiero un hombre que lea cada una de mis palabras como si calmasen su más horrible sed
un hombre que conozca mi verdadero nombre
y me haga el amor a quemarropa en cualquier rincón de la casa sin pedir permiso
quiero un hombre que me haga sentir su territorio
que sepa que sólo puedo ser suya y aún así me lo recuerde a diario
quiero un hombre que me diga que soy hermosa, que soy buena,
quiero un hombre que me valore más con mis defectos que sin ellos
que incendie mi cuerpo de alarmas con sólo rozarme el pelo
que me sostenga cuando me bese porque me haga perder el equilibrio
quiero un hombre que recoja mis anécdotas como perlas de la india
y me mire nadar desde la orilla
quiero un hombre que me entienda cuando hablo de Dios
viernes, 16 de julio de 2010
un tren
martes, 6 de julio de 2010
no más besos
lunes, 5 de julio de 2010
interrogantes

jueves, 1 de julio de 2010
desórdenes nuevos
sábado, 9 de enero de 2010
a piano
Mi mejor amiga, cuando era pequeña, tocaba el piano. No sé cuántos años, meses o días llevaba en el conservatorio, pero a mí me parecía que tocaba mejor que nadie.
Me encantaba ir andando hasta su casa y, en primavera, escuchar la música antes de doblar la esquina, incluso sentarme en el escalón de su puerta, sin llamar siquiera, sólo para disfrutar de sus ensayos. Podía pasarme horas allí, hasta que se hacía de noche y sonaba el teléfono: mi madre reclamándome. Mi amiga siempre se preocupaba por si me aburría, pero a mí me resultaba tan increíble tener el privilegios de escucharla… Intentó enseñarme, pero nunca tuve la paciencia suficiente como para hacerle caso y, la verdad, siempre preferí ejercer de público privilegiado.
Supongo que algo me viene de herencia, porque mi madre es una enamorada de la música. Nunca olvidaré la primera vez que fuimos juntas a la ópera.
Copying Beethoven se nos tropieza casi por casualidad en el centro de mi aburrimiento cuando cambiamos de cadena. Había oído hace años hablar de esta película, pero nunca tuve el placer de verla, cosa extraña, porque me encantan las películas sobre compositores o músicos. Mi curiosidad siempre está enredada en los entresijos de los creadores, ¿cómo surge una idea? ¿es primero la música o la letra? ¿suena primero el ritmo en la cabeza y después se traslada a las manos o viceversa?
El argumento es bien sencillo. El maestro, casi sordo por completo, se enfrenta a la composición de su novena sinfonía y Ana, una joven muchacha que quieres llegar a ser compositora, le hace de copista. La relación entre ambos caracteres es la que sustenta la historia.
En un momento, cuando el artista ha recibido ya un golpe irreversible de la vida, Beethoven dicta a Ana las notas de una nueva pieza desde la cama y los violines se deshacen detrás de las imágenes.
-Es un himno –señala ella sorprendida.
-Sí, una acción de gracias… –murmura el compositor emocionado desde el lecho.
-¿Una acción de gracias?
-Sí, a Dios, por permitirme vivir para componer mi última obra.
Ana mira por la ventana cuando el silencio se hace con la casa y yo siento el deseo de volver a escuchar música clásica en directo, de sentarme nerviosa en un teatro mientras la orquesta se va colocando, de esperar a que la luz baje y el sonido se eleve…
De la última vez hacen ya bastantes meses y quiero, deseo, volver a sentir que las notas entran dentro de mí, pura emoción hecha sonido cargado de historia.
domingo, 27 de diciembre de 2009
vino Marta
Cuando Marta llega, la bufanda le hace más azules los ojos y su abrazo me devuelve algo que no sé dónde había perdido.
Verla merodear por mi casa, recorrer los rincones, hablar de la luz y de los detalles, contemplar los cuadros, curiosear los libros de poemas, sentarse en el sofá con su sonrisa enorme, me despierta una alegría profunda y serena que agradezco enormemente.
Es la primera vez que voy a invitar a alguien a comer en esta casa que había estado manteniendo alejada de todos. Marta y yo nos enredamos en la cocina y ponemos la mesa grande con el mantel bonito, las copas y las velas.
-¡Qué comida más romántica con esta luz! –se ríe ella llevando y trayendo platos desde la cocina.
Descorchamos la botella y pronto estamos brindando por nosotras, por todo lo que nos ha pasado, por lo mal que sumo y su sonrisa dulce. Comemos tranquilas, sin prisa, entre anécdotas, recuerdos y música.
La tarde pasa sin darnos cuenta y, tras beber mucha agua –aunque nunca la suficiente-, nos acercamos a visitar a mis abuelos y a mis tías que tenían ganas de verla. Los niños se acuerdan de ella y la integran en sus juegos. Como están nerviosos decidimos que lo mejor será contar un cuento para calmarlos.
-¡El de la princesa valiente y el dragón! –chilla Lucía sentándose en el sofá de un brinco al lado de Marta.
-No, el de la Navidad que no pudimos terminar el otro día –respondo despejando la mesa y cogiendo las figuritas del portal de Belén para contar la historia.
Carmen me mira con ojos como platos y Manuel atiende a todo. No sabía que ya eran capaces de prestar tanta atención a un cuento. Comienzo por María y José siendo novios -que es la parte que más les gusta a Carmen y Lucía- y termino con todos los pastores llevándole regalos al niño. Así que el juego está asegurado y, tras la representación, los tres enanos juegan a pedirme cosas que llevar al portal de Belén para regalarlas al niño.
-¡Yo, ninio Esús! –dice Carmen categórica tumbándose en el sofá. Y Lucía hace de María cuidándolo.
Marta y yo los contemplamos entre risas, sorprendidas de que hayan convertido en un juego tan natural el nacimiento de Dios.
Nos despedimos cuando una vecina trae el video de la boda de su hija y paseamos por el centro hasta llegar a la iglesia. A veces me sorprende tener tanto atino para llevar a mis amigos a misa, si a Antonio le hablaron de abrir los ojos, a Marta le hablan del amor dentro de la familia.
Al volver a casa me encierro en un cuento que se me ha ocurrido y Marta lee poesía. Después de contárselo la acompaño con Luis Alberto hasta que el hambre nos hace preparar la cena. Ya sabe donde están más o menos todas las cosas y me hace gracia ayudarla yo a ella.
Hemos planeado sesión de cine, Donde viven los monstruos se ha estado descargando mientras yo escribía y colocamos el salón para ver la película. La elegimos por lo que la elegimos. A mí me produce esa mezcla entre miedo y ternura que me hace lo mismo emocionarme que dar un salto en el sillón. Marta observa los monstruos pensando cómo podría conseguir uno. Al final nos quedamos las dos a cuadros y, muertas de risa, confesamos que nos ha encantado pero que no nos hemos enterado de nada.
Así que nos vamos a dormir llenas de dudas y mi cama de desierto es conquistada por sus ojos azules y sus ronroneos. Comprendemos pronto la diferencia entre 1.50 y 1.35, pero después de leer y orar juntas, nos dormimos como benditas.
Ahora ella sigue soñando entre las mantas de mi cama y yo calculo cuánto tiempo le daré para hacerme un café que me abra del todo los ojos.
viernes, 11 de diciembre de 2009
Odette, una comedia sobre la felicidad
lunes, 2 de noviembre de 2009
los tejados de París
Nunca he estado en la ciudad de la luz, la he visitado entre canciones, de la mano de una imagen de película, la vislumbré entre unos versos y de la boca de Ramón cuando me prometía paseos en francés. Grité por el amor de un poeta en su cementerio, observé a Carolina con su sombrero rojo, degusté deliciosos platos en un restaurante diminuto, paseé tras comprar el pan hasta mi casa, un apartamento no muy grande con vistas a un árbol que me tapa la ventana. He escuchado hablar de las mujeres de París, vi a Ana bajo la torre Eiffel con su abrigo y su bufanda, soñé bicicletas y recorrí Notre Dame un ocutubre no sé cuando. Marta desea besar a Pablo de camino hacia el Louvre y yo la imagino bajo un paraguas porque chispea. Nunca he estado en París y creo que nunca iré.
Pero, por lo poco que he entendido de la vida, si al final me confundo, si aparezco en plena calle en un otoño cualquiera en un rincón de ese sueño, debo subir a un tejado lleno de chimeneas y observar las antenas y los ruidos de una ciudad que atardece, para dar lugar al milagro eléctrico de una noche de estrellas artificiales.
Y, si al final me confundo, no negaré el beso a Milou, cuando me lo pida.







