viernes, 31 de diciembre de 2010

es que yo celebré el cambio de año en septiembre


Y es que a mí, que retransmito desde la mesa verde de la cocina de mi madre, con mi hermano haciendo manualidades para un regalo delante mía, los abuelos en el sofá, mi padre comprando regalos en la capital y el café a punto de acabarse entre mis manos, pues no me apetece que acabe nada de lo que he empezado. Sobretodo no quiero que acabe diciembre, quiero que sea diciembre hasta que me aburra de esta estúpida felicidad. 

¡Feliz año a los que lo deseéis cambiar!

jueves, 30 de diciembre de 2010

borrachera de cansancio


Tres días dan para demasiado. Dan para aparcar el coche en segunda fila con las luces encendidas y esperar(te), para buscar regalos en centros comerciales sobretransitados y descubrir la iluminación más perfecta de la ciudad -también la más horrible en la puerta de la librería donde alguien me conocía y yo buscaba palabras que nunca estaban-, para pasear puestos buscando el peor regalo y hacer fotografías como extranjeros en viajes de aniversario, para que digas tonterías, para decirlas yo o para ir de la mano. Dan para brindis rápidos y farolas adornadas con pascueros, para deshacer y hacer maletas, encontrar lo complicado, mantener conversaciones de madrugada y escuchar las confesiones más tristes y encantadoras. En tres días se puede medir la espera con semáforos, también coleccionar besos en un lunar concreto, planear una mudanza y escuchar cómo Antonio me habla de los pecados que estoy pagando. Si uno se ve muy capaz, puede incluso amenazar el día de diluvio con listas de muebles y carros cargados hasta arriba, compensándolos con risas de Juan pequeño que siempre se deja hacer por su madrina. En tres días Leticia puede hablar sin ton ni son desde el cansancio y Juan hacer malabarismos con las cajas. Puedo parecer pequeña y grande y fuerte y agotada. Incluso beber cocacola, dormir como un lirón y encogerme por un rayo. Puedo encender las luces de mi árbol de navidad, hablar con Marta y terminar la moleskine que empecé en Cádiz cuando en tres días quería curarme de todo, incluso de ti. 

Y ahora estoy borracha de cansancio, acurrucada en el sofá, con el cuerpo todavía acomodado a Juan pequeño y unas ganas locas de ponerme ropa cómoda, pero sin tener aliento para escapar de este rinconcito calentito de mi guarida de luz. Escribiendo para no tener que moverme, escuchando a boza y al reloj, como casi siempre. 

martes, 28 de diciembre de 2010

teoría del caos


...en el caso de los sistemas caóticos, una mínima diferencia en esas condiciones hace que el sistema evolucione de manera totalmente distinta...

No podemos evitar trazar la órbita de las cosas que compiten por ocupar un puesto en nuestra constelación. Siempre me acordaré de Carlos dibujando su constelación mientras yo hacía la lista de cosas que haría si me quedaba soltera. Después Jose Luis nos hizo solucionar problemas reales a través de constelaciones. Pero acabas olvidando que cada planeta tiene sus propias leyes y que, para trazar una teoría física universal, necesitas conocer cada uno de los pormenores del universo. 

Al parecer hay tres tipos de sistemas: los estables, los inestables y los caóticos. Un sistema estable tiende a lo largo del tiempo a un punto determinado. Un sistema inestable depende absolutamente de sus factores iniciales. El caos -yo- es la lucha entre dos fuerzas y cualquier cambio, por minúsculo que sea, puede alterar por completo el dibujo esperado que auguraba el inicio del caos. 

La cosa es que, comiendo, mi padre hizo referencia a esta teoría. Y yo, que soy abstracta, descubrí que había olvidado estudiar las características de mi universo, que sintiéndome un sistema inestable me había conformado con los factores iniciales pero que, hoy, recibiendo una minúscula alteración en mis condiciones, debo reescribir toda la historia. 

¿Sabes cuando en 1984 él se ocupaba de reescribir los periódicos del pasado? Bla, bla, bla... 

La verdad es que mi caos tiene la misma facilidad para el desastre que para la felicidad. Y cargo las maletas y todo lo que puede pasar. 

lunes, 27 de diciembre de 2010

srtas. moustache


Porque contigo reírse pasa tan de verdad que luego no se sabe parar...

viernes, 24 de diciembre de 2010

feliz navidad



Que todos sepamos brillar hoy como brillan las luces de nuestros árboles, de las calles, de las chimeneas, de los hornos, del frigorífico, de las velas, del reloj-despertador, del móvil, de los ojos de la abuela, de la luz del pasillo, del coche, de la farola, del piloto de la pantalla del ordenador, de las estrellas y los anuncios, de las iglesias y los portales de las casas. ¡Feliz Navidad! Miel, besos y destellos para todos.

jueves, 23 de diciembre de 2010

vuelve a casa, vuelve...


La carretera promete nieves cuando, cargada de maletas, salgo del sol hacia el invierno. Es curioso que en casa se ha despertado un día despejado, de esos que te permiten andar en manga de camisa. Conforme iba avanzando en mi camino, el cielo se iba encapotando. Recordé el día que estuve a punto de quedarme aislada en la autovía por la nieve y deseé, sin darme cuenta, tener la oportunidad de ver los primeros copos de esta navidad. 

Once grados de temperatura diferenciaban mi casa de la de mi familia. Javi me ayuda con las maletas y mamá tiene la mesa puesta con cosas riquísimas y ese olor en la cocina que sólo consiguen ellas. Cuando papá llega del trabajo lo sorprendo porque dije que llegaría a la hora de cenar. Así que, un poquito antes, ya estamos juntos los cuatro poniendo en común todo lo último que nos ha pasado. 

Hoy es el aniversario de mis padres, así que lo celebramos juntos con anécdotas. Siempre he dicho que tengo en casa el mejor ejemplo de amor y que eso genera unas expectativas altas. Reímos, hablamos de alumnos, de ofertas de trabajo, de nuevas recetas, de la familia. Sé que mi madre se siente en paz teniéndonos allí y sé que, cuando a mí me toque pasar por sus días de hoy, me sentiré igual de feliz y de tonta viendo a mis hijos crecer y marcharse. Intento no pensarlo para no sentirme mal. Cuando tienes una familia así, crecer se convierte en una traición no definida. Querrías, en algún lugar de ti, seguir teniendo diez años para siempre.

El árbol de navidad, el portal de Belén, la decoración navideña, mi dormitorio con los muebles y la cama nueva, la enorme flor de pascua y mi incipiente resfriado. El salón de sofás rojos, la televisión encendida, la cocina de la mesa verde, los regalos envueltos para llevar mañana a casa de los abuelos. El teléfono de malaquita y las velas de adviento, los vinilos, los portátiles, las fotos de los niños y las gominolas en el tarro de cristal. Crecer sabe a sal. 

lunes, 20 de diciembre de 2010

cuando el sueño está a punto de llegar



creo que llueve fuera, boza canta bajito en el ordenador (bebe de la sed que siento al mirarte), el reloj me observa en la quietud de la casa, sonrío idiota con los ojos a punto de cerrarse, como una niña que sabe ronronear... buenas noches, buenas noches, calamidad