jueves, 3 de diciembre de 2009

desórdenes

casanueva 001

No sé lo que me pasa, me andan desordenando el mundo.

Busco los interruptores de la luz donde no están, intento abrir las puertas al contrario, abro muebles vacíos deseando que estén llenos de cosas. Será quizá que vivo entre “la realidad y el pensamiento” de alguien que imagina, “aunque yo no lo sepa”, donde deberían estar mis zapatos, en qué estante descansa mi novela preferida, de qué color son mis ojos cuando despierto, con quién sueño toda la noche.

Y por eso, llena toda de inconsciencia, estoy viviendo más allí que aquí, enredada donde él me imagina, despistada en esa casa que idea para mí. Y, también quizá, como en el poema, él está sentado aquí, desordenándome entre risas el pelo en esta “cama de amor que no conoce, la misma que se queda fría cuando se marcha”.

Así, mientras él me piensa, se difuminan los rasgos de esta realidad tan cotidiana y, entonces, casi sin darme cuenta yo; deseando, él sólo deseando, ha creado nuestra historia, una casa nueva, un desorden establecido entre todas nuestras fotografías y los besos que nos dimos en el último viaje que hicimos juntos a mi ciudad preferida.

miércoles, 2 de diciembre de 2009

interesado interés

llenoAunque había reparado en él, como es lógico, en mis interminables caminatas por los pasillos del instituto, nunca habíamos cruzado más allá de cuatro frases. Por lo poco que sabía me parecía un buen tipo, así que hoy, cuando me vi colapsada por tantos detalles burocráticos, asalté su despacho.

-¿Si he sido ponente en un congreso también lo tengo que meter? –le pregunto desde la puerta.
-Claro –me responde con una sonrisa-. Apartado 1.4.2.b.

Cuando ve mi cara de completa indefensión, no tarda en ponerme una silla junto a su ordenador. Enseguida está dispuesto a ayudarme en todo lo que necesitase. Lo que para mí es un caos increíble, para él resulta tan sencillo que no sabía si tenía que sentirme muy ridícula o no.

Aparta la mirada cuando tecleo mi clave y vuelve a darme conversación.

-¿Pedirás por aquí, no? Cerquita de casa… –intenta mientras abre pestañas en el ordenador a velocidad de vértigo.
-Ni hablar –me río-, quiero costa.
-¿Algún lugar concreto donde te tire alguien, no? –supongo que soy fuente de dudas en el claustro, como todavía no he dejado ningún cotilleo en la sala de profesores…
-Sólo quiero vivir junto al mar…
Me observa escrutador. Y no sé cómo luce esta fachada hoy.
-Un alma libre… –sonríe antes de volver a hablar de datos y me río.

Acabamos volviendo al tema personal quinientas veces, me habla de su experiencia, de su doctorado, de su mujer, de su trabajo a media jornada en la universidad… Le hablo de mis pasiones y frustraciones, de lo que esperaba, de lo que me cuestan algunas cosas…

-¿Tienes prisa? –me pregunta cuando yo ya comenzaba a sentirme culpable por estar robándole su tiempo.
-No… la verdad.
-Menos mal –sonríe-, si quieres te explico lo del código…

Dos horas después de que tuviese que abandonar el instituto, paseo bajo la lluvia, sin prisa, de vuelta a casa, pensando en cómo por puro interés he descubierto a alguien que puede ser importante. Qué ciega a veces, qué ciega…

martes, 1 de diciembre de 2009

gracias por los pequeños milagros

toledo 034Cumplí fatal mi propósito de hoy… aunque sí que me siento agradecida por algunos pequeños milagros que me han ayudado a sonreír:

-Leticia como equipo de rescate.

-Me crucé con un hombre que olía a goma de borrar y a libro nuevo.

-En 1º ESPA me reí a carcajadas con las bromas de los chicos y escuchando a David confesar que le tengo el corazón destrozado a su compañero.

-Leí “aunque tú no lo sepas” en 2ºbach y se hizo un silencio absoluto. Sus caras eran increíbles… totalmente increíbles…

-La sonrisa de Silvia cuando explico algo y el gesto  cómplice de Jose cuando hago un chiste malo.

-Volver a casa escoltada por dos compañeros que me hacen reír.

-Ana está locamente enamorada y escucharla tan tonta me hace feliz.

-Pero, sobretodo, mi calendario de adviento está dando vueltas por el mundo, lo mandé en un mail a unos pocos amigos que se han dedicado a reenviarlo y ya me ha llegado dos veces más a mí. Gracias…

nuevos destinos


“Qué suerte que no tienes hijos”, “Qué alegría, así soltera te pueden mandar a donde quieran”, “Así tan jovencita da igual que te manden a un pueblo perdido de la sierra”, “Como no tienes que tirar de una familia…”, son algunos de los argumentos con los que se me recibe estos días en la sala de profesores, rincón que se ha convertido en la base de operaciones de todos los que tenemos que jugarnos la suerte eligiendo como máximo trescientos números.


Sí, soy afortunada… sólo tengo mi trabajo, así que qué más da donde me manden.


Delante mía tengo los códigos de todos los lugares de Andalucía con instituto. Unos cuantos folios de letra pequeña donde he señalado en amarillo orillas de mar.


Los cambios siempre aterrorizan. Pero saber que eligiendo como elegí en su momento, he acabado aquí, me hace sentirme nerviosa. ¿Voy a aborrecer también en septiembre el sitio que elija hoy?


De los números que ponga saldrá mi “destino definitivo”, el lugar donde empezaré una vida, compraré una casa, llenaré paredes de estanterías…


Es difícil para alguien como yo no poder imaginar cómo será mi vida más allá de las dos horas de clase que tengo en un rato. Es difícil para mí escribir sobre la vida de los demás y estar tan asustada como para fantasear con la mía.


Que sea lo que Dios quiera… quizá de aquí a dos años estoy pidiendo Gijón y mandándolo todo a la mierda.


(mi propósito de adviento de hoy me está costando horrores)

lunes, 30 de noviembre de 2009

cotidiana

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Acierto con la llave a la primera. Tengo las manos heladas. Por favor, que no se me apague la luz. Lo consigo, entro a casa.

Cierro empujando la puerta con un pie y tanteo para buscar el colgador de las llaves. Me quito el bolso con trabajo porque se me ha enredado en el abrigo y estoy cansada. Lo cuelgo en la percha, me he propuesto dejar la mesa del salón despejada. En la oscuridad de la entrada desabrocho el único botón del abrigo y me despido del calor que había acumulado.

Aún a oscuras abro la puerta del salón y enchufo el calefactor para caldear un poco mi invierno. Como está enchufado donde ponía la lámpara pequeña, voy a encender el flexo de pie, pero la bombilla explota sin más con un relámpago de tormenta. Me hace cierta gracia el accidente y evalúo la posibilidad de buscar un chino donde comprar un recambio, pero hay más lámparas en el salón, así que enciendo con el pie la que hay en la esquina.

La taza del té sigue sobre la mesa. Enciendo el ordenador y hago sonar la misma música que lleva todo el día acompañándome.

Enfilo mi dormitorio para cambiarme. Cierro persianas, me dejo caer pesada en la cama. Cuando me desvisto, me enredo en la bata roja y me observo en el espejo. Hoy tengo el pelo bonito y esa idea me entristece un poco.

Vuelvo al salón y recojo la manta azul con la que me arropé después de comer. Me lío en ella y me siento frente al ordenador, acurrucada en la silla negra, las rodillas abrazadas. Miro el poemario de Gloria sobre la mesa, observo la paleta gráfica y mis ojos continúan hacia las ventanas, la sombra de los árboles contra las cortinas, el frío helado de la calle.

Pienso que quiero escribir, pero no sé el qué. Por eso comienzo este texto describiendo mis últimos pasos, aunque no sirvan de nada, aunque no signifiquen nada.

domingo, 29 de noviembre de 2009

primer domingo de adviento



Hace algunos años, a mi madre le regalaron un calendario de adviento que, en lugar de tener regalitos o chocolatinas, contenía propósitos para cada día. Recuerdo irme a la universidad pensando cómo poder practicar aquel valor que decía el calendario. Pero después de aquella navidad, lo perdimos y, desde entonces, todos los advientos lo echo de menos.

Al encender en mi casa la primera vela del adviento hoy, me acordé de aquel calendario y salté rápidamente a buscar en internet. Quizá sea porque este año me aterroriza el hecho de que se acerque la navidad, siento más deseos de estar preparada. De preparar mi corazón para dar valor sólo a lo importante.

En internet encontré algunos modelos para utilizar en familia, pero no me terminaban de convencer, así que al final decidí hacer mi propio calendario de propósitos. ¿Qué necesito trabajar? ¿Qué quiero preparar?

En mi libreta de tomar notas junto al ordenador, comencé a escribir con mi bolígrafo celeste. Después de unas cuantas vueltas, de unas cuantas dudas y de algún que otro propósito que se me quedaba sin trabajar, terminé mi lista.

Ya la tengo de fondo de pantalla aunque las letras se vean pequeñas, sólo espero ser capaz de profundizar un poco, ser coherente, en lugar de pasarme estos días dejándome llevar por el nuevo espíritu de la navidad –el de gastarse todo el sueldo en tonterías-.

sábado, 28 de noviembre de 2009

milagros de un sábado cualquiera

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En medio del frío del día, en las manos y el estómago, entre la preocupación y el miedo por ti, aparecieron pequeños milagros que quiero dedicarte:

-Rezar en el silencio de mi casa después de leerte.

-Carmen y Manuel me llenaron la casa de carreras y gritos. Con sus vocecitas y sus medias lenguas lo conquistaron todo. Carmen ahogó a Peter Pan en una maceta y después me miró sonriente mientras Manuel tocaba una trompeta horrible.

-Han puesto una pista de patinaje sobre hielo falso en la plaza del pueblo, he ido a mirar y justo una niña ha pegado una culetada y Carmen se ha reído a carcajadas –yo un poco también-.

-Marina y Lucía me han acompañado a tender una lavadora y Lucía se ha enamorado de mi casa. Ella ha ahogado en la maceta a Campanilla y, tras tender mis calcetines, me ha dicho que lo que más le gustaba de mi hogar era: “las chuches de encima del frigorífico y las bolitas de la mesa” (una gelatina que tengo extraña).

-El jamón serrano del almuerzo (un auténtico milagro de sabores).

-Lucía mimosa intentando que Marina le hiciese cariños y cosquillas.

-Manuel viniendo a buscarme para dormir la siesta sobre mí, diciendo: “quiero una cama pequeñita para dormir contigo”.

-Carmen pintándome los ojos y los coloretes con maquillaje invisible.

-Contar cuentos nuevos a Lucía y observar su cara y sus respuestas (eso ha sido genial).

-Comprar cuatro velas para el adviento y una maceta de pascua.

-Marina pidiéndome ayuda con la gramática. Tenerla en casa e intentar ayudarla. Hablarle de ti y escucharla hablar del amor de su vida como si se tratase de una película épica. Intentar responder sus dudas sobre mis decisiones.

-Chelo llamándome para proponerme una escapada.

-Hablar con Ana un ratito después de comer.

-Marta y su dulzura a última hora.

-El ataque de amor de mi madre, cuando yo tenía todas las defensas bajadas.

-Hablar con mi padre de House.

No son cosas enormes, pero son pequeños tesoros dulces del día. Batería para seguir.