miércoles, 23 de febrero de 2011

impulsos


Un compañero me comentaba hoy que había aprendido a vivir en el caos, que así encontraba su libertad y que el azar, en muchas ocasiones, consigue formas más bellas que la razón. Yo no sé si estoy del todo de acuerdo, tampoco me lo he planteado muy seriamente porque ha sido un día intenso lleno de noticias, reuniones y llamadas de teléfono. Pero todo esto viene a que sí que es cierto que yo funciono muchas veces por normas de caos o por impulsos. Hay cosas que estoy rumiando meses, que sólo se consiguen con un simple paso, y que dejo sin hacer acumuladas con otra buena colección más de desastres. Luego, de pronto, cierto día, cojo el cajón de sastre que soy y lo vuelco para elegir lo que pongo en orden y lo que vuelvo a guardar. 

Ayer me elegí como escritora. La búsqueda de agente se había detenido un poco a la espera de terminar de maquetar la propuesta editorial, pero sentía que tenía que tomar algún tipo de decisión. Como yo soy un desastre para el impulso inicial, llamé a mi antiguo profesor y amigo, Eugenio. Lo pillé en un momento de caos también, pero pudimos tener una conversación más o menos inteligente. Siempre que hablo con él las cosas toman perspectiva. Me da aliento, a la vez que la admiración que le profeso me hace sentirme insegura. Creo que ahí está la mezcla perfecta. Porque en cuanto colgué me puse manos a la obra. 

Busqué en mis viejos contactos de correo electrónico la dirección de un editor con el que contacté el año pasado y le escribí disculpándome por la intromisión y preguntándole si quería leer Lobo. Seguidamente di, casi instintivamente, con el mail de mi editor en Berenice y le escribí preguntándole si seguían interesados en trabajar conmigo. Dos movimientos poco pensados. 

En dos minutos me respondían de Berenice pidiéndome el teléfono para hablar de viva voz hoy. Así que me fui a la cama nerviosa. A la hora del recreo sonó el teléfono y, si todo sale bien, en otoño es muy posible que se esté publicando la continuación de mi novela. Ahora queda mucho trabajo por delante porque sólo tengo cinco capítulos terminados y los demás a medias. No importa, la ilusión me da aliento. De todos modos, aún no sé si creérmelo. 

Cuando volví al ordenador, encontré la respuesta de la otra editorial, querían leer mi libro y se lo he reenviado. Quizá no les interese demasiado, pero había que probar. Había que aprovechar el impulso y dejar, por un segundo, de pensar. 

A veces los adultos complicamos los sueños con cuestiones que no interesan a nuestra alma de niños. Yo suelo ser de esas. 

2 comentarios:

Lucía dijo...

Por supuesto que hay que ser libres... y no ser necesitados de aprobación, porque siempre habrá alguien que nos desapruebe, pero sólo basta con proyectar nuestras propias ideas a cerca de las cosas que elaboramos.

Besitos, amiga.

CO dijo...

Chica!! Enhorabuena por ese lanzarte a la piscina!! ya verás como al encuetras llena de agua refrescante!
te deso lo mejor y con ganas locas de leerte!!
ánimo