domingo 27 de diciembre de 2009

vino Marta

marta navidad 011

Cuando Marta llega, la bufanda le hace más azules los ojos y su abrazo me devuelve algo que no sé dónde había perdido.

Verla merodear por mi casa, recorrer los rincones, hablar de la luz y de los detalles, contemplar los cuadros, curiosear los libros de poemas, sentarse en el sofá con su sonrisa enorme, me despierta una alegría profunda y serena que agradezco enormemente.

Es la primera vez que voy a invitar a alguien a comer en esta casa que había estado manteniendo alejada de todos. Marta y yo nos enredamos en la cocina y ponemos la mesa grande con el mantel bonito, las copas y las velas.

-¡Qué comida más romántica con esta luz! –se ríe ella llevando y trayendo platos desde la cocina.

Descorchamos la botella y pronto estamos brindando por nosotras, por todo lo que nos ha pasado, por lo mal que sumo y su sonrisa dulce. Comemos tranquilas, sin prisa, entre anécdotas, recuerdos y música.

La tarde pasa sin darnos cuenta y, tras beber mucha agua –aunque nunca la suficiente-, nos acercamos a visitar a mis abuelos y a mis tías que tenían ganas de verla. Los niños se acuerdan de ella y la integran en sus juegos. Como están nerviosos decidimos que lo mejor será contar un cuento para calmarlos.

-¡El de la princesa valiente y el dragón! –chilla Lucía sentándose en el sofá de un brinco al lado de Marta.
-No, el de la Navidad que no pudimos terminar el otro día –respondo despejando la mesa y cogiendo las figuritas del portal de Belén para contar la historia.

Carmen me mira con ojos como platos y Manuel atiende a todo. No sabía que ya eran capaces de prestar tanta atención a un cuento. Comienzo por María y José siendo novios -que es la parte que más les gusta a Carmen y Lucía- y termino con todos los pastores llevándole regalos al niño. Así que el juego está asegurado y, tras la representación, los tres enanos juegan a pedirme cosas que llevar al portal de Belén para regalarlas al niño.

-¡Yo, ninio Esús! –dice Carmen categórica tumbándose en el sofá. Y Lucía hace de María cuidándolo.

Marta y yo los contemplamos entre risas, sorprendidas de que hayan convertido en un juego tan natural el nacimiento de Dios.

Nos despedimos cuando una vecina trae el video de la boda de su hija y paseamos por el centro hasta llegar a la iglesia. A veces me sorprende tener tanto atino para llevar a mis amigos a misa, si a Antonio le hablaron de abrir los ojos, a Marta le hablan del amor dentro de la familia.

Al volver a casa me encierro en un cuento que se me ha ocurrido y Marta lee poesía. Después de contárselo la acompaño con Luis Alberto hasta que el hambre nos hace preparar la cena. Ya sabe donde están más o menos todas las cosas y me hace gracia ayudarla yo a ella.

Hemos planeado sesión de cine, Donde viven los monstruos se ha estado descargando mientras yo escribía y colocamos el salón para ver la película. La elegimos por lo que la elegimos. A mí me produce esa mezcla entre miedo y ternura que me hace lo mismo emocionarme que dar un salto en el sillón. Marta observa los monstruos pensando cómo podría conseguir uno. Al final nos quedamos las dos a cuadros y, muertas de risa, confesamos que nos ha encantado pero que no nos hemos enterado de nada.

Así que nos vamos a dormir llenas de dudas y mi cama de desierto es conquistada por sus ojos azules y sus ronroneos. Comprendemos pronto la diferencia entre 1.50 y 1.35, pero después de leer y orar juntas, nos dormimos como benditas.

Ahora ella sigue soñando entre las mantas de mi cama y yo calculo cuánto tiempo le daré para hacerme un café que me abra del todo los ojos.

sábado 26 de diciembre de 2009

limpiando la bandeja de entrada

nochebuena 024

Espero a Marta, mi dormilona. Espero para pasar un día grande con ella y la emoción me impide concentrarme en nada. Después de madrugar, escribir un poquito con una taza de café, orar, recoger la casa y darme una ducha, me siento delante del ordenador para cambiar la música.

Al ir a recolocar la última canción que he recibido en su carpeta correspondiente, reparo en que tengo la bandeja de entrada llena de documentos que ni soy capaz de recordar: fotografías de gente con la que hace meses que no hablo, textos que me han enviado para que critique, respuestas a cursos, dibujos, viejas conversaciones que están ahí no sé cómo…

Me armo de valor y decido hacer una limpieza de este cajón de sastre. ¿Qué voy a salvar? Encuentro cuentos de Nacho y de Pedro, fotografías de Ana, de Guillermo, de mi hermano aburrido en un bar, de Gerardo durmiendo en el autobús de viaje a Baeza. Encuentro “si Nena fuera” y abro los diferentes documentos sonriendo, para descubrir cómo me veían si fuese árbol, lugar, sabor, canción… Sonrío agradecida por esas imágenes y esos recuerdos tan libres de nada, tan llenos de todo.

Releo por encima viejas historias, los descubro en lo que vivieron y comparo todo aquello con lo que son ahora. Es extraño. Cómo pasa el tiempo… ¿cuánto llevarán estos documentos aquí? ¿cuántas cosas mías habrá repartidas en bandejas de entrada? Recuerdo a Jana, recuerdo Segregados… recuerdo quien era yo.

Selecciono y mudo lo que quiero conservar. Miro todo lo que queda, casi doscientos documentos esperando el juicio final. Hay canciones, textos, fotografías, gráficas y carpetas comprimidas ahí. No es primavera, pero hago limpieza (mientras escribo esto un olor de no sé dónde me recuerda mi casa de Alcalá con tanta claridad que me desconcentra). Borro todo.

¡Ojalá todas las cosas fuesen tan fácil de borrar!

no paraba de llover

nochebuena 016

“En el principio ya existía la Palabra y la Palabra estaba junto a Dios y la Palabra era Dios”

Hace como poco nueve años que no despierto en Andújar el día 26 de diciembre. No ha parado de llover y Manuel se abraza a mis rodillas para dormir cuando está cansado, mientras Carmen se pinta los labios con maquillaje de plástico. Cuento el verdadero cuento de la Navidad a Lucía, que se emociona al pensar que al final José decidió que sí que se casaba con María y que tuvieron una boda preciosa, porque como nadie se lo había explicado, ella no entiende por qué se pone el portal de Belén. Marina me acompaña a casa cuando aparco en la calle de los abuelos, la pongo al día y se sorprende, está preciosa y no hace preguntas, tampoco cuenta nada, su vida es demasiado difícil para mí, supone. El abuelo refunfuña por los rincones, me manda a casa a las doce de la noche para que no ande sola por la calle por si me pasa algo. La abuela se apoya en la puerta porque ha brindado demasiadas veces y sonríe feliz por tenernos a todos en casa. Mi padre reparte regalos. Las doce se me pasan sin oportunidad y otro año más estoy sentada en las escaleras mirándolo todo. Lourdes responde a las preguntas inapropiadas con una risa e imagino cómo será su navidad y me pregunto si a veces se siente tan sola como yo o incluso más, odio que nadie la juzgue. Mi madre es reclamada con ternura con los niños que mendigan sus caricias y sus ganas de reír. Javi bebe en un vaso de metal y bromea con el abuelo para que se olvide del desastre que se está originando en la casa. La chimenea crepita y no estoy cumpliendo demasiado bien el propósito del día. Mari me busca cómplice y disfruta con alegría los correteos de los niños por el salón. Andrés, más rápido que yo, se escapa. Paco monta juguetes concentrado y ha envuelto una camiseta de propaganda para hacer feliz a mi hermano por una apuesta. Marina abre Romeo y Julieta. Siento un nudo en el estómago. Javi duerme en mi salón y pienso que es la primera vez que nadie se queda en esta casa, es la primera vez que acojo, doy gracias porque sea él. Rezo. La lluvia martillea en mi ventana. Sé lo que se espera de mí, sé lo que tengo que hacer, sé dónde tengo que ir… pero no sé cómo conseguirlo. “Ya no te llamarán Abandonada, ni a tu tierra Devastada; a ti te llamarán Mi favorita y a tu tierra Desposada”. Desayuno leyendo sobre los Otori, tumbada en la cama, con la taza caliente entre las manos y el libro abierto en el regazo. Javi viene a tumbarse conmigo y le acaricio el pelo mientras charlamos. Ya no sé quién es más pequeño de los dos. Felicito la navidad a los compañeros de trabajo que encuentro en la iglesia y me hace gracia que conozcan a mis padres. Llegan tres mensajes en mitad de la noche. Mamen nos enseña las fotos de su boda y está preciosa. Alguien llama a mi padre y pregunta por mí y por mi eterno noviazgo, lo veo en un aprieto al tener que responder delante mía y le sonrío para mirar un escaparate. Llueve todavía. Hay una partida de trivial en la mesa del comedor y Marina se encierra en una conversación con su ordenador, quiero llegar a ella, pero soy incapaz de hacerlo. Vuelven los niños, siento un dolor agudo que me postra y tras besarlos, tras despedirme de todos, regreso a casa sin paraguas. “Al principio sólo existía la Palabra” y rezo para escribir, pero estoy demasiado cansada. "Ahora sólo importas Tú, dale la paz a mi alma". La cama me desvela y leo todas mis oraciones de Adviento hasta la madrugada, cuando diluvia y por fin puedo abandonarme al sueño sin predicciones de futuro.

jueves 24 de diciembre de 2009

31


Quizá cualquier otro matrimonio habría celebrado su aniversario con una gran comida o una gran cena, habrían ido de viaje a algún lugar exótico o se habrían regalado una televisión de plasma de última generación. Pero es que quizá otro matrimonio no se habría casado el día 23 de diciembre.


Cuando Juan y Leticia o Antonia, no recuerdo bien, les preguntan a mis padres por esa fecha tan extraña, explican simplemente que mi padre acabó la mili en noviembre y que esperaron a que todos sus amigos volviesen a casa por Navidad para poder celebrarlo con ellos. Se casaron con 20 y 22 años, por lo que Javi y yo nos sentimos perdiendo el tiempo desde hace un tiempo ya.


Después de limpiar mi casa por lo que pueda pasar en estas fechas, recojo a un Javi guapísimo que se anima a conducir mi coche. Disfruta como un enano hasta que aprende a llevarlo y recogemos a mis padres. Divertidos y contentos por estar los cuatro juntos vamos a celebrar su aniversario tapeando en un bar que a todos nos gusta. Javi y yo no hemos tenido ocasión de decidir regalo, así que, para no sentirnos tan culpables, invitamos a la comida entre las risas de mis padres que conocen lo desastres que somos.


El café es ya en casa, con la visita de Juan y Leti y nuestras sonrisas cómplices de secretos. Después llega la verdadera celebración. Mis padres quieren que vayamos a misa juntos y que los ayudemos en el comedor que cáritas ha organizado para los inmigrantes que vienen a la aceituna y que no consiguen trabajo. Ellos participan todos los años, pero Javi y yo, no sé por qué, nunca habíamos ido.


-Tú no pases cerca del confesionario -le digo a Javi entre risas mientras nos repegamos debajo de un paraguas-, por si empieza a pitar, que llevas tanto sin ir a misa...

Javi se parte de la risa y me abraza más fuerte. No pisa una iglesia desde el bautizo de Manuel y me alegra extrañamente estar sentada con él en el banco. Proclamo las lecturas porque no hay nadie más que lo haga y me siento extraña haciéndolo en este templo al que me daba tanto miedo volver, al principio me tiembla la voz, pero después comprendo la Palabra.


En el comedor me siento interrogada. Me tiemblan las manos al pensar en que soy indigna para servir las mesas a esas personas que sufren, en que yo lo tengo todo fácil, al pensar en mi ropa y en mis cosas. Después me lo van poniendo fácil, en su manera de dar las gracias y sonreírme. Pienso en Roca, me acuerdo de él y lo siento muy cerquita mío. Miro a mis padres y pienso en la cantidad de años que llevan comprometidos, no sólo como matrimonio, sino como ejemplo de entrega y servicio. A Javi y a mí siempre nos abruma el pensar si sabremos hacerlo tan bien como ellos.


Cuando terminamos, volvemos a casa y se va la luz. Vamos preparando la cena a la luz de las velas y, casi sin darnos cuenta, estamos todos de nuevo allí. Juan, Leticia, Antonia, Luis y nosotros. Hasta Antonio participa de la conversación general en un momento de consuelo y consejos. Anécdotas, risas, secretos, recuerdos y sidra por treinta y un años.


¡Qué fácil es preparar el corazón con días como estos!


(Y ahora escucho la música de Javier, mi madre trajinando, mi padre leyendo en algún rincón, el viento en la calle, y miro estas paredes... Doy gracias a Dios por ponerme patas arriba las falsas seguridades).

miércoles 23 de diciembre de 2009

visitante

granadaoctubre 059

El aire se ha colado en los rincones de mi casa. Escucho, desde la cama, ya despierta pero aún sin haber decidido si seré capaz de levantarme, ruido de puertas, trajinar silencioso, como si alguien pasease preparando el desayuno sin recordar que sigo durmiendo.

Es mi primer día de vacaciones. No me asusto. Quizá en otro momento, en otra vida, me habría tapado hasta el cuello acongojada por los ruidos. Pero hoy no, hoy estoy bien entre las sábanas, se escucha también la lluvia fuera y me permito fantasear –un ejercicio complicado a día de hoy y que supone andar por un campo de minas, pero, ¡qué demonios!-.

Me sonrío a mí misma imaginando, recordando el barco con el que he soñado. La vecina sube una persiana y mi visitante ruidoso abre cajones. Decido estirarme y saltar de la cama, hoy tengo muchas cosas que hacer.

Mientras recorro el pasillo escucho su pelea con la puerta cerrada del salón, de nuevo pienso que en otro momento habría esperado ver a alguien merodeando, pero sé que estoy sola y abro la puerta al viento que se ha colado por las ventanas antiguas de maderas para conquistar mi casa.

Ahora, mientras escribo, sigue sonando recorriendo las habitaciones, y no puedo enfadarme, no puedo negar que me siento acompañada.

martes 22 de diciembre de 2009

un diplomático o un embajador

cena navidad 014

La racha de cenas de navidad surrealistas sigue aumentando, por supuesto esto hace que también aumenten las mañanas de dolor de cabeza y botellas de agua.

A las diez de la noche habíamos quedado, en medio de la tormenta, para pasar una agradable velada en compañía del claustro tapeando en un bar amigo. Me dejé el teléfono en casa y me vi en la tesitura de no saber si estaba esperando a alguien o me había quedado plantada. Afortunadamente, Chelo me sacó de dudas apareciendo en la calle vacía. María José y Rocío llegaron después, refugiadas en sus paraguas, y comenzamos a elucubrar sobre el ritmo que podría tomar la noche.

Éramos pocos, el bar estaba vacío, sólo lo ocupábamos nosotros. La verdad es que no sé dónde situarme, hay profesores con los que no he hablado nunca, profesores que conozco de la mañana y de la tarde, miembros de la directiva y después las chicas. Revoloteo entre conversaciones hasta que decidimos sentarnos y Andrés se arranca con canciones tradicionales. El clima se va relajando.

Luis, uno de los jefes de estudios del nocturno, se sienta conmigo y comenzamos a charlar un poco de todo. Cuando llevamos un rato hablando, comienza a defender la teoría de que yo merezco un novio diplomático o embajador, para viajar por el mundo. Me río de la ocurrencia y lo apunto en nota mental antes de que cambiemos de bar.

Chelo y yo decidimos que no vamos a tomar ni una copa más, pero Carlos –el niño del agua-, aparece con vodka y nos hace replantearnos nuestra posición. Recordando a Antonia, pido mi martini con hielo y comienzo a charlar con Ana descubriendo la de vueltas que ha dado su vida.

Siento deseos de viajar con tanta conversación sobre el mundo.

Las copas y las horas pasan y cuando ya se ha ido más de la mitad de los que éramos, decidimos levantar el campamento. De nuevo llueve fuera, pero viene bien el frío, y cuando me despido en la puerta de casa, sonrío ampliamente pensando que no ha estado tan mal como yo esperaba.

Sobreviví a una cena de navidad cuyo nivel de surrealismo no alcanzó –por poco- a las de otros años y reparé en que quizá si que tendría que escribir la carta a los reyes para pedir un “diplomático” –de cualquier nacionalidad, ¿no, Leticia?-.

lunes 21 de diciembre de 2009

recetas


Antes siempre felicitaba la navidad con un cuento o con mi carta a los Reyes Magos, como este año soy incapaz de escribir mi carta y como no me veo tampoco inspirada para contar un cuento (lo siento), pues habrá que conformarse con algo fácil y rápido de preparar: "receta para tener una feliz navidad".