sábado, 18 de diciembre de 2010

madrugar sin querer


Madrugo porque me acosté demasiado temprano y, acurrucada en mi cama, escucho a los pájaros en los árboles del zoo despertando. Entre las persianas y desde el salón entra una luz azul que me recuerda a mi antigua casa. Me tumbo bocarriba y espero sin pensar en nada o pensando en todo, qué se yo. Me pregunto cuánto tiempo llevaba sin hacer esto y me levanto decidida a preparar el desayuno y dedicar mi mañana a la montaña de ropa por planchar que he ido acumulando. Hay veces en que una casa pide orden y armonía, esta casa lo pide siempre, me apetece que todo esté en su sitio y transmita calma. 

Tanteo en busca del pijama para no dar la luz y subo las persianas para descubrir un día nublado. Escucho mi reloj y los ronquidos del vecino. Al descorrer las cortinas del salón intuyo gotas de lluvia colgando de la barandilla y pienso tristemente en mis geranios que han muerto por culpa de una oruga simpática y letal. 

Me ovillo en el sofá debajo de la manta que mamá me hizo para este invierno y, sorprendente en mí, enciendo la televisión. Descubro en la 2 la maravilla de un concierto de cuerda. El pianista es cada nota que toca. La música clásica siempre despierta en mí el mismo sentimiento de sed, esperanza y desgarro. Me atraviesa, me recorre... ojalá estuviese en esa sala de palacio donde las flores de pascua acotan el improvisado escenario. 

La luz, el sonido, el café entre las manos me invita a orar y, a menos de siete días del 24, me emociono quizá por primera vez en mucho tiempo leyendo la Palabra. Pienso en que pronto estaré en casa de mis padres, con Javi, preparando la Navidad en familia, viajando a casa de los abuelos, abrazando a los niños, observando la belleza de Marina, haciendo planes con Juande, visitando a Chelo, recibiendo la ternura de Marta que también volverá a casa por navidad... Los sentimientos se encuentran, para buscarme debajo de ellos. 

Y el piano inaugura un único rayo de luz que se escapa del cielo plomizo. Tic tac. El último sorbo de café. La plancha. 

2 comentarios:

La sonrisa de Hiperión dijo...

Escucha el piano. En sus notas está la esperanza de lo conocido. Del ambiente a familia y recuerdos.

Saludos y un abrazo.

Maat dijo...

''Me tumbo bocarriba y espero sin pensar en nada o pensando en todo, qué se yo''
Me encanto.Aunque lo que mas me gusta es como te hacercas a nosotros contandonos tus mas intimas anecdotas!