jueves, 7 de abril de 2011

las teorías filosóficas de nacho del samurai y la baraja


Nacho acaba siendo el amigo más paciente para escuchar todos mis dramas y responder a cada uno con una de las teorías filosóficas que harían las delicias de los protagonistas de Jostein Gaarder. Me encanta leerlo filosofar, compartir cada nuevo descubrimiento y quejarme cuando pretende que me trague todos los vídeos documentales que él ve para fortalecer sus teorías. 

Hoy en clase me vi obligada a compartir la teoría de Nacho sobre la baraja. Supongo que no es nada innovadora y que, seguramente, no será original, pero a mí me gusta atribuírsela porque lo hace parecer listísimo. Nacho dice que cada mañana, al despertarnos, nos reparten una serie de cartas. A veces te tocan cartas muy  buenas, diría él, un viaje por ejemplo; pero a veces te tocan las cartas de siempre, las aburridas, las típicas de la baraja o, incluso, puede tocarte lo peor. Ese día podrías pasarlo pensando en todo lo que no conseguiste, todo lo que podrías haber hecho con unas cartas mejores, pero sólo estarías perdiendo el tiempo. Tienes que jugar cada partida con las cartas que se te reparten y sacarles el mayor partido posible, aunque conozcas las demás -porque a veces saber cuáles son las cartas de la baraja nos hace sentir infelices-. 

La verdad es que mis alumnos se quedaron mirándome con la boca abierta y uno de ellos se atrevió a decir: "seño, yo no sé por qué no ayudas a los adolescentes en lugar de dar clase". "Porque me han tocado estas cartas, melón", le dije o algo así, sintiéndome culpable por vender una teoría que a veces no soy capaz de aplicarme a mí. 

Por eso, cuando tengo mucho miedo de jugar la mejor partida con mis cartas, Nacho me habla de la teoría del samurai de manera categórica. 
 -Al entrar a servir a su señor, el samurai consideraba que ya había muerto. Así que no tenía miedo a ningún enfrentamiento, no había nada que perder, todo estaba perdido ya, sólo le restaba ganar. No había ningún riesgo. 

Y es que Nacho es mi filósofo particular, por eso le gusta La Joven de las Naranjas, entiende que es un comodín y sabe que muchas flechas surcaron el aire en mil batallas y es un hombre afortunado. 

2 comentarios:

La sonrisa de Hiperión dijo...

Siempre hay un filósofo, que nos pone las pilas, aunque sea amigo...

Saludos!

Vagamundo dijo...

Francamente, harto de que me "vieran" el farol de mis malas cartas, me pasé hace tiempo a la doctrina del domino. Los días de la vida como fichas, blancas y negras. Si empalmamos todas las blancas seguidas, se agotan... y luego sólo quedarían las negras.