sábado, 16 de enero de 2010

¿cómo es tu caja de cerillas?

Dice John –Laura Esquivel a través de él en Como agua para chocolate- que todos tenemos dentro una caja de cerillas y que, como el fuego, cada uno de los fósforos necesita de oxígeno y de una vela donde permanecer. Los demás, cada gesto de ternura, una canción, una caricia, una oración, una buena taza de café son nuestro oxígeno y nuestra vela. Pero nos advierte del peligro, si no encendemos nuestra caja de cerillas, se irán humedeciendo y nuestra alma se nos escapará entre los dedos; y si las encendemos todas de golpe provocaremos tal incendio en nuestro interior que seremos arrastrados a la muerte. Delicado asunto.

Mis alumnos de segundo de bachillerato se examinaron el jueves de este libro que yo me resistía a leer. El martes comencé con la tarea de acercarme a un texto que no me interesaba demasiado y quedé sorprendida. Atada, como Tita, a la cocina del rancho, a las pasiones.

Elegí el texto de John como base del examen y he pasado la tarde leyendo sobre las cajas de cerillas de cada uno de mis alumnos. “'¡Pobre desgraciado el que nunca haya sufrido por amor!”, decía Diego con su caligrafía perfecta. Me han sorprendido, cada uno con sus velas y su oxígeno, con las manos negras de intentar prender el fuego, de haberlo hecho arder a veces demasiado.

Mi caja de cerillas tiene de todo. Hay fósforos con los palitos cortos, otros tardan en prender, los hay que encienden demasiado rápido, quedan cerillas mojadas y algunos guardan palabras diminutas no sé muy bien dónde. Tengo muchos todavía y no los pienso gastar como Tita enredada en su manta en las últimas páginas de la novela.

Según John, según su abuela, es básico descubrir cuál es la chispa que necesita nuestra caja de cerillas, hay que dedicar la vida a encontrar la fuente de ese fuego y, una vez hallado, incendiar, poquito a poco, todo nuestro cuerpo.

¡Ah! Es importante. También hay que aprender a esperar entre fogonazo y fogonazo, porque arder de continuo consume demasiado.

3 comentarios:

Noesperesnada dijo...

A veces el fogonazo aparece y uno no puede evitar encenderse hasta ser solo cenizas...

Charal dijo...

-...es básico descubrir cuál es la chispa que necesita nuestra caja de cerillas, hay que dedicar la vida a encontrar la fuente de ese fuego y, una vez hallado, incendiar, poquito a poco, todo nuestro cuerpo-

Me quedaré con ese pensamiento si no te molesta...

Besos! =)

La sonrisa de Hiperión dijo...

Cuando empieza a tener el fuego metido en las carnes... Malamente, al final acaba de fogonero... jajajaj

Saludos y un abrazo enorme.