miércoles, 6 de enero de 2010

la aventura del rey mago

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Lo de ser Rey Mago tiene de malo que te desvelas un poco. Siempre quiero llevar mis regalos al salón antes de que los lleven mis padres, así que, desde que tengo un sueldo, soy rey mago de madrugada cuando me suena el despertador.

Anoche ni siquiera hizo falta que sonase. Como acostumbro últimamente, me desvelé por culpa de una pesadilla, así que me levanté y, tras abrazarme en la bata, me puse a preparar los regalos. Hacía tanto que los había comprado que no sabía ni siquiera dónde estaban la mitad de ellos. Para colmo descubrí que el juego de mi padre estaba sin envolver, así que me puse a buscar cualquier papel en que pudiese liarlo… dormida y sin celo… Tampoco había preparado cartelitos con los nombres y hace años que no ponemos los zapatos debajo del árbol.

No sé cuánto tarde, pero cuando por fin lo tenía todo preparado, cartelitos incluidos, abrí levemente la puerta para agarrar todas las cajas con las dos manos –cajas pesadas, sobretodo por el tocadiscos de mi hermano- y abrir del todo con el pie porque el dormitorio de mis padres está frente al mío y los desvela la luz.

Justo en el momento en que he conseguido, previos malabarismos, abrir la puerta y cargo hacia la ele del pasillo, escucho la puerta de la calle. “Mierda”, pienso, y vuelvo reculando y de puntillas a mi dormitorio porque Javi acaba de llegar de madrugada de la fiesta de anoche. Suelto sin hacer ruido los regalos, cierro la puerta y refunfuñando me meto en la cama.

Mi padre seguro que ya se ha despertado y yo no sé si reírme o dejarlo todo para mañana. Apago la luz y soy incapaz de volver a dormirme. Me siento en la cama. Escucho la casa. Javi se ha encerrado y no se oye nada en el pasillo.

Ésta es la mía.

Vuelvo a levantarme, me vuelvo a poner la bata, vuelvo a abrir la puerta un poco, vuelvo a cargar los regalos, gruño, malabarismos, entreabro la puerta con el pie, saco medio cuerpo, vuelvo a usar mi pie para tirar de ella y entornarla tras de mí, enfilo el pasillo, por fin me veo cerca del salón, ya estoy llegando, estoy llegando… ¡Entro por las primera puerta!

Comienzo a felicitarme, soy un felino en la noche, no hago ningún ruido, me siento en mi territorio, me relajo y... ¡crack, plum, crrrr! Paso haciendo un ruido terrible por encima del scalextric.

Ya lo debe saber toda la casa, sólo espero no haberme cargado nada. Así que me da igual soltar con ruido las cajas en el suelo. El problema es que no veo nada, no puedo encender la luz y no veo los letreros que he hecho, me choco con un sofá, se me enreda un pie en un cable… sólo me falta tirar el árbol de navidad y caerme sobre el portal de Belén.

A las seis de la mañana vuelvo a estar acostada. Si la pesadilla me desveló, la aventura nocturna me ha dejado aún más espabilada.

Menos mal que al final caigo rendida y no es hasta el estruendo que montan mis padres llevando sus regalos que vuelvo a despertarme. Está claro, de pequeña dormía mucho mejor que ahora, ¡porque me he enterado de todo!

(Ah, he sido muy buena y me han traído todas las cosas pequeñas que pedí).

2 comentarios:

La sonrisa de Hiperión dijo...

Jodidos reyes, carbón, carbón, y más carbón... Carajo que parezco un fogonero... jajaja

Saludos y un abrazo enorme.

Charal dijo...

<3 me encanta la foto! =)