lunes, 4 de enero de 2010

tres días dan para mucho y algo más

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Hay un refugio con una chimenea en el campo de mi abuelo. Yo no me quedaba a dormir allí desde que me peleaba con mis padres por la hora de llegada a casa y, este fin de semana, lo colonizamos con esperanzas de grandes cosas.

Hay otro refugio, también con chimenea, en el corazón de Juan y Leticia, y, arropada en la cama, en ese salón de mantas y estampados donde dormíamos los tres, me paraba a pensar en todo lo que me han acompañado durante el último año y en lo feliz que me hacen.

Este fin de semana tuve de los dos refugios.

Quizá a veces los tres hacemos grandes planes, tenemos grandes proyectos de encuentros y de resucitar sentimientos que nos unían con nuestro antiguo grupo; y por eso a veces nos llueven pequeñas desilusiones aunque comprendamos los argumentos. Pero las desilusiones se borran con risas y de esas cultivamos junto a la chimenea intentando descubrir las semejanzas entre una nutria y un bisonte, o cuando simplemente “te encanta”.

Antonia y José Miguel nos acompañaron el sábado para comer. A Josemi creo que no lo veíamos desde la cena de septiembre en casa de Juan y Leticia y fue genial volverlo a tener cerca. Antonia sigue siendo una de las nuestras y llegó con su coche nuevo y su risa divertida a encontrar con nosotros puntos intermedios para nuestros proyectos de volver a reunirnos, de volver a ser un equipo, de volver a orar.

El domingo decidimos desayunar a las doce y media de la mañana papas a lo pobre con filetes, ¿por qué? Pues porque durante la hora del almuerzo íbamos a estar metidos en un coche rumbo a Humilladero. La idea, por extraña, nos pareció encantadora y preparamos nuestro “desayunoalmuerzo” con mucha ilusión mientras recogíamos la casa.

El viaje fue lluvioso, pero se hizo corto. Ixcís tocaba en el nuevo salón parroquial de ese pequeño pueblo que ni sabía que existía. Así que te abracé, sin saber muy bien cómo comportarme, controlando todo el tiempo lo que debía y no debía sentir.

Mientras Leti y los demás ensayabais , Juan y yo nos lanzamos a la búsqueda de un café porque el hambre estaba amenazando con doblarnos. No recuerdo la última vez que hablamos los dos solos, de “hombre a hombre”. Con las cosas claras, sin disfrazar nada, llamando a los sentimientos por su nombre. Me gustó escuchar sus consejos, oír sus opiniones y compartir sus experiencias.
-Creíamos que ibas a estar peor –me dijo ya con el café en la mano-, pensábamos que esta navidad…
-Estoy triste, Juan –confieso con una sonrisa-, lucho con todas mis fuerzas por estirar cada momento de alegría todo lo posible, a veces no me sale demasiado bien. Pero he aprendido a aceptar el momento que me toca vivir, a asumir la pena con serenidad y me resulta más fácil. Por eso estoy mejor, porque no estoy batallando contra mí.
-Cuando vuelvas a Andújar será peor…
-No lo sé –suspiro encogiéndome de hombros-. Aquí también está siendo difícil, allí estoy en mi casa, tengo trabajo que hacer, aunque esté sola.
-Tiempo.

(Tiempo. Estoy en paz con esta espera, sólo quedan seis meses para el próximo cambio. Me horroriza pensar que ya estoy en 2010).

Llegamos cuando el concierto está a punto de empezar y me sorprendo, descubriendo entre la gente, a la niña que cazaba lobos, con la boca y las uñas rojas. Cazo sin darme cuenta varias ideas para una nueva historia y me detengo a orar. Me resulta tan sencillo hacer silencio en mi corazón para acoger las melodías y las letras de las canciones… Juan se desespera porque las ha oído mil veces, le dan ganas de hablar, Virginia bromea… Me hacen reír y enseguida vuelvo al silencio. Necesito alimentar mi corazón del fuego de Dios para mantenerme serena.

La noche termina escuchando en primicia el nuevo disco de Ixcís que será el regalo de reyes el día seis. Me siento pequeñita allí, pero feliz, acogiendo también esas palabras dentro de mí, emocionándome al escuchar a Leticia cantando “nada”. Más cerca de algunas canciones por el preciso momento que vivo. Sintiendo las guitarras abrazándolo todo.

Y a la vuelta, hacia casa de Juan y Leticia, secuestrada por no llevar mi coche, feliz por encontrarme con ellos, continuamos escuchando contagiados de la alegría de Leticia, el cd que tanto han deseado.

Ahora la casa está silenciosa y duermen. Yo me desvelé de pesadilla y busqué el remanso de paz de las palabras, donde suele sucederme lo bueno.

2 comentarios:

La sonrisa de Hiperión dijo...

No se puede vivir eternamente castigado al pan duro...

Saludos y un abrazo enorme.

Espero que hayas tenido un estupendo comienzo de año.

A♥ dijo...

No había leido nunca este blog tuyo.
Me encanta.
Me he leido un montón de entradas.
Y sabes, con la de L.A, mi mejor amigo se va este año a USA cuando acabe el colegio y puedo morirme sin él.. no sé que hareé.
un beso!