lunes, 25 de enero de 2010

alicia a través del espejo


Hoy me desperté sin historia, libre completamente de mí. Jamás fracasé, no adornó mi cuerpo ninguna herida, nunca perdí ni naufragué. Libre de errores, recomenzada. No gané ninguna partida, ni fui feliz cualquier mañana, nadie abordó mis naves ni trazó senderos en mi espalda. Ni erré, ni acerté jamás. Nunca fui.

Olvidé de dónde venía, a dónde era. Olvidé todo de mí y, observándome, desnuda frente al espejo, me preguntaba “¿quién eres tú? ¿quién eres?”, restituido el virgo de la inocencia.

Un instante sólo, un segundo en el que no identifiqué en mí nada reconocible, absolutamente despojada de recuerdos, sin ser capaz de vislumbrar la nube de palabras que siempre me acompaña donde quiera que mire, sin ser capaz de argumentar cimientos, quiebros, perplejidades. Pura, absolutamente yo, sin serlo.

Y estaba ahí, desconocida, sin saber siquiera interrogarme, como un lienzo blanco donde inventar y sin pinceles para hacerme un velo. Y estaba ahí, desposeída, en plena ausencia de significados. Ni tan sólo mujer, ni mera idea. Cuerpo, algo, yo. Inidentificable.

Hasta que recordé que respiraba y una palabra irrumpió llena de vida –o de crueldad, eso ya no podemos saberlo- a despertarme el mundo donde existía –existo-, siempre latiendo. Y una serie de líneas, azules creo o rojas, trazaron su senda imposible desde la que era ayer hasta la que soy en ese preciso instante de reconocerme.

“Tú”, me llamé, sin saber siquiera si lo era.

2 comentarios:

Peter Pan dijo...

Mañana será un día mucho más bonito.

Si me permites...

http://www.youtube.com/watch?v=4L_DQKCDgeM

FeoMontes dijo...

Patri, te noto demasiado "al otro lado del espejo".

A ver si nos animamos, que no decaiga, que no se diga que te haces mayor... ¿qué vas a dejar para cuando peines canas?

Un beso.