lunes, 27 de septiembre de 2010

"el frío modifica la trayectoria de los peces"


Boris Bogdanov era un apasionado de la topología o, mejor dicho, de una de sus disciplinas. La teoría de los nudos es una ciencia matemática compleja que permite explicar cosas muy simples de la vida. Cuando se tira de un hilo de un ovillo de lana enmarañada, unas veces se deshace de golpe, otras veces se enreda aún más. Es como la vida: pequeños gestos pueden tener grandes consecuencias. Y a veces el mismo gesto no tiene el mismo efecto. ( Pierre Szalowski)

Boris estudia cuatro peces, bueno, estudia más bien la trayectoria de cuatro peces en una pecera. Los cuatro peces realizan siempre, exactamente, el mismo recorrido. Cada uno traza constantemente el mismo dibujo en el espacio. Si la temperatura del agua bajase, dejarían de repetirse, comenzarían a cometer irregularidades, errarían sus caminos o descubrirían grandes genialidades. Pero si la temperatura se mantiene, ninguno de ellos cambiará lo más mínimo de su recorrido. 

¿Qué quiero decir con todo esto? Pues, la verdad, es que no lo sé muy bien. Quiero decir, llevo todo el santo día dándole vueltas a ese párrafo e imaginando la pecera. Llevo todo el santo día imaginándome como un pez más repitiendo una y otra vez los mismos caminos y cometiendo una y otra vez los mismos errores. Si me paro evaluar cuándo he arriesgado para hacer algo nuevo, descubro que ha sido en uno de esos momentos en los que ha bajado la temperatura. He sentido frío, he sentido miedo, he sentido soledad y, frente al riesgo de morir congelada, he optado por el de lo desconocido. ¿Quiero con esto evidenciar que he acertado siempre en las decisiones que tomé?

En lo más mínimo. 

De hecho, cuando he tomado una decisión en medio de una de esas bajadas de temperatura, he obrado con intuición pero falta de razón, así que son las más las veces que me he equivocado de opción. Al darme cuenta, recorría de nuevo el mismo camino y, lo que había parecido un nudo, se había convertido en un tópico más dentro de mi itinerario. 

Lo siento si suena enmarañado. Soy incapaz de desentrañar las emociones que esta idea de la pecera, los nudos y los hombres, me está haciendo sentir durante todo el día. Es como cuando tienes una palabra en la punta de la lengua pero no consigues recordarla. 

Me siento así, como si estuviese a punto de encenderse una luz en algún sitio, pero aún no supiese dónde ni cuando. 

¿Y qué hago? ¿Me detengo hasta que esa luz parpadee? Sigo nadando. No he aprendido a parar.










P.D. a la entrada... ¿Y el calor? ¿Modifica la trayectoria de los peces? 

2 comentarios:

MARTA MESA dijo...

Ya sabes que hace poco me leí este libro...y me encantó, me pareció magnífico!

La sonrisa de Hiperión dijo...

Y alguien ha aprendido a parar?


Saludos y un abrazo.