jueves, 2 de septiembre de 2010

primer propósito de año nuevo


Mi dormitorio en casa de mis padres se había convertido, poco a poco, en una cápsula del tiempo detenida hace tres septiembres. Pero cuando llegué ayer a dejar mi maleta, descubrí sorprendida que mi cama de noventa había sido sustituida por una de uno treinta. Había desaparecido con el viejo colchón el enorme escritorio y muchos de mis libros -los que ya habían viajado a mi nuevo hogar-. 

Me ilusionó el cambio aunque no conseguí pegar ojo en toda la noche. ¿Por qué no concilié el sueño y di vueltas de un lado a otro de la nueva cama en el viejo cuarto? Quizá por algo así como el vino nuevo en odres viejos, no lo sé, pero estaba inquieta, como si me estuviesen despertando con una idea sobresaltada cada vez que me relajaba un poco. 

Madrugué lo suficiente como para desayunar tranquilamente con mi madre y, después, encarar el viejo dormitorio con ánimo transformador. Comencé con la limpieza de recuerdos -contabilizados en tres sacos de basura negros-: fotos, cartas, recortes y viejos cuentos. Llegó el momento en que ni siquiera abría las cajas, las arrojaba directamente al fondo del olvido donde es mejor que permanezcan. Después decidimos cambiar de lugar los muebles, quitar los cuadros, eliminar toda la decoración, sustituir el ruido. 

Mi viejo dormitorio estaba lleno de ruido. Muy lleno de ruido. Quizá eso me despertaba, quizá eran esas viejas voces, las viejas palabras, los susurros viejos de la cama los que no me dejaban en paz. Pero, ¿quién sabe? Esta noche se verá. 

3 comentarios:

Vagamundo dijo...

Hay rincones en la casa de los padres que, aunque cambien y envejezcan y se adapten a nuevas ausencias, distancias, exigencias, permanecen intactos.
Son rincones físicos que suelen coincidir con rincones metafísicos del corazón.


PD. Le echo un vistazo a tus otros blog.

Juan dijo...

Tantos recuerdos, al leerte pude recordar el día en que me deshice de mis juguetes de infancia quedando mi habitación vacía.

La sonrisa de Hiperión dijo...

Seguramente, era una voz, que te decía, pasa, entra, estás en tu casa... pero esas cosas ya nunca se sienten como antes.

Saludos y un abrazo.