martes, 7 de septiembre de 2010

el orden emocional o cómo colocar los libros en la estantería


He empezado a catalogar los libros que llegan a casa. Hace años comencé una base de datos a la que iba añadiendo mis lecturas, pero con el tiempo me resultó tan frío el sistema que acabé por dejar de hacerlo. Hace unas semanas compré unos pequeños cajoncitos de madera para guardar fichas como en las antiguas bibliotecas. Sé que en dos meses lo habré dejado de hacer, pero a día de hoy emprendo mi empresa con emoción infantil. 

Esto me hace rescatar la conversación que mantuvimos por las calles de Cádiz cuando me mirabas desconcertado mientras te hablaba del orden emocional que tomaban los libros en mi estantería. Creo que presuponías que los iba colocando por orden de autor o por categorías. Pero es que yo no ordeno el mundo así. 

(Me cambio de sofá para observar las estanterías y así no decir muchas mentiras).

Conforme iban saliendo los libros de las cajas los iba colocando en diferentes estantes. Fue fácil con los de poesía, iban todos juntos en la tercera balda, empezando por arriba, de la tercera estantería (hasta que los cambié a la estantería blanca con las tazas de Marta). Los demás iban ocupando el lugar que la emoción me dictaba: libros que había leído por obligación, libros que me habían acelerado el corazón, libros que habían despertado mi curiosidad... Más arriba los que me habían hecho sentirme como una niña de nuevo, los que no volvería a leer pero que me encandilaron junto a esta fotografía, los que conquistaron mis veranos adolescentes, los que me ayudan a orar, los que utilizo como material para escribir, los de texto que detesto... Y aquí, junto a Klimt van las libretas bonitas, debajo los álbumes de fotografías, los apuntes de viejas novelas, los bonitos por fuera, los que no me dicen nada, los que tengo por leer...

Y así, a veces, cuando paso, un libro grita por cambiar de lugar o voy dando vueltas a una novela hasta que encuentra su espacio, mientras tanto pasa días sobre la mesa. Es caótico quizá, pero también muy divertido. Sobretodo porque cuando ahora llega un libro a casa, mirar las estanterías es como mirar un mapa del tesoro, un misterio por resolver, una pincelada nueva. 

No sé si el orden emocional les funcionará a los demás, pero mi desorden tenía que encontrar un lugar donde expresarse. 

6 comentarios:

oMNiBuS DuBiTaNDuM dijo...

me parece preciosa tu manera de ordenar

Liilyth dijo...

Creo que empezaré a aplicar esto del orden emocional dentro de mi propio caos x)

cuadernodebitacora dijo...

Lo tuyo es un don, de lo más cotidiano haces poesía.
En la vida hay quienes preferimos el orden emocional y quienes prefieren el racional. Hemisferio cerebral derecho vs izquierdo, pero no elegimos, o quizá podríamos (tengo que leer algo sobre esto)

Juan dijo...

Creo que en algún momento quise acomodar mis libros de esa manera, tonto de mi , preferí ordenarlos por tamaño, tema, así sin emotividad alguna pero al leerte mañana mismo empiezo a cambiarles de lugar como se merecen, como deben estar, en orden emocional.

polar_y_otro dijo...

Sabes? yo tengo una libreta, donde en la última página empecé a apuntar el título, el autor y la fecha en que me había leído cada libro, pero la lista se acabó a los dos meses, creo.. me cansé. Aunque seguramente volveré a retomarla, siempre lo hago. Hasta con las películas. Me gusta dejar constancia de lo que hago pero nunca la dejo por pereza.

Mi estantería se ordena por espacio. Como no me caben porque es muy pequeña los meto casi a presión, así que el criterio de ordenar no es otro que el tamaño de los libros. Y gracias que la mayor parte de literatura que he leído ha sido de bibliotecas y librerías de casas ajenas que cogía prestados...

ariana dijo...

me encanta, yo aún no he encontrado mi orden...