martes, 20 de julio de 2010

uno de tres


Después de escribir aquí, anoche me acosté de madrugada terminando la novela que había empezado por la mañana. Me alegró poder tener una de esas lecturas de prisa, de esas que te aceleran el corazón y que no puedes pensar, ni por un momento, en dejar por algo tan vulgar como el sueño.

Pero el problema ha sido levantarme sin un libro que morder. Así que, aunque podría haber releído algún título de los que tengo en la estantería, me alegró la idea de acercarme a la librería para encontrar algún ejemplar interesante.

Conozco la librería de este pueblo desde hace años, porque he venido mucho a veranear aquí y, siempre, una de las mañanas de mis veranos estaba destinada a recorrer con los ojos, con las manos y la curiosidad las estanterías verdes de este rincón del mundo. Por eso, al llegar, me sentía como en casa, observando los volúmenes bien apilados y también a las personas que entraban y salían a buscar. Es genial observar a la gente en las librerías, imaginar por qué van a decantarse, intuir por el aspecto que tienen a qué sección van a dirigirse y sorprenderte porque el tipo que parecía que buscaba un mapa ha acabado en la sección de novela rosa.

Sin prisa, husmeé entre las novedades sabiendo que sería difícil de convencer, repasé la limitada sección de poesía y miré por encima la literatura juvenil. Por último me acerqué a los libros de bolsillo que son los que más se dejan leer en la playa. Y, lógicamente, acabé en los clásicos. De pronto, horrorizada, me encontraba ante el dilema de elegir entre Joyce, Ovidio o Woolf.

Escribí el mensaje en el móvil con los nombres de los autores y la pregunta consiguiente: "¿cuál?".

Pero me sentí tonta porque no tenía a quién mandárselo.

Así que pregunté directamente a cada uno de los implicados: "Señor Ovidio, Señor Ovidio, ¿por qué debería llevarme su libro?", "Señora Woolf, Señora Woolf, ¿por qué debería llevarme su libro?" y por último, "Señor Joyce, Señor Joyce, ..."

Ulises respondió: "las gracias muy cordialmente" y eso lo llevó a mi bolso mientras me dirigía a por pinceles de acuarela, olvidándome del mensaje y preguntándome quién me habría recomendado esta elección.

4 comentarios:

La sonrisa de Hiperión dijo...

tu te acuerdas de los dibujos animados de Ulises???

Saludos y un abrazo.

polar_y_otro dijo...

Pues me parece faltal!!!!

Me hubieses mandando el sms a mí y te hubiese contestado al momento sin dudar: La Señora Woolf, por qué? porque si quieres conocerme tienes q leer a la señora woolf, y si ya quieres saber más de mí tienes que leerte su Orlando. (Mira qué egocéntrico soy)

El Ulises de Joyce me lo regaló mi madre hace unos meses. Échale valor para leértelo. xD

cuadernodebitacora dijo...

Es curioso cada día llego al ordenador, aunque esté cansada, y miro si has escrito algo.llegué de casualidad al blog. Solo me había pasado y me pasa esto con el blog de una persona a la que quiero mucho, pero no con el blog de una desconocida.Que facilidad tienes de expresarlo todo!!! ¿por que escribes? ¿Porque no te cuesta hablar de tí?
Yo hago teatro desde hace un año pero sería incapaz de hablar de mi. Bueno ya lo estoy haciendo. Un saludo y gracias por acompañarme un poquito

Juan dijo...

Amén, mañana mismo busco a Joyce, ya me dio curiosidad.