lunes, 25 de octubre de 2010

leer en voz alta


Creí que jamás sería capaz de leer mis poemas en público. Pero la terraza de Manolo y Marta se convierte en el escenario perfecto para un primer encuentro con mi voz. Cuando escribo poesía, suele proceder de la oralidad, quiero decir, la pienso en voz alta dentro de mi cabeza y va fluyendo con naturalidad. Pero parecería que esa naturalidad de dicción se pierde en cuanto el papel la atrapa. No sabía cómo elevar a voz mis palabras y, peor aún, me daba tanto pánico que me quedaba paralizada. 

Te habías estado empeñando en que leyera y, cuando te diste cuenta de que quería, dejaste de insistir. Quizá eso me hizo apetecerlo más. La realidad es que el papel viajó en mi bolso y, animada por mi madre, probé en un auditorio conocido donde no me sentía en peligro. De todos modos, cuando empecé a leer, creía que me estallaba el corazón. Pero miraba a Manolo, a Chica, a Carolina, a Marta... a todos escuchando con todos los sentidos... y eso lo hacía más fácil, la verdad. 

Después cuando te comenté que quizá me animaría a leer, casi ni me hiciste caso, como si no te lo creyeses del todo. "No voy a leer", me dije. Y conforme crecían las canciones, cambiaba la música, mi corazón se iba relajando de una manera inaudita. "Quiero leer", me sorprendí. "Quiero leer", te dije. 

Y me subí a la banqueta, con Carmen abrazada a una guitarra, y las manos temblorosas. Si dejaba los poemas en mi pierna para que no se movieran, estaban tan lejos que no los veía, y si los acercaba a mis ojos, me tartamudeaban tanto los dedos que era incapaz de desentrañar nada. Lento, rápido, de prisa... Primero una pequeña explicación y después el vértigo. 

Cuando bajé del escenario las piernas casi no podían sostenerme. Como si hubiese dejado abiertas todas las puertas de conexión directa con mis ideas, con mis sueños, con mis sentimientos, y la corriente de aire me estuviese volviendo el mundo patas arriba. Sólo por tres poemas. Qué ridícula llega a ser la mente humana, soy capaz de defender a un personaje y no soy capaz de defenderme a mí. 

"¿Vas a volver a leer otro día?", no sé quién me preguntó con dudas, por los nervios que había pasado. 

 -Es como hacer el amor por primera vez, quieres repetirlo quinientas veces para cogerle la práctica. 

1 comentario:

Farrah dijo...

Ja! Totalmente de acuerdo con eso último.

(mañana hay una lectura muy chula en Málaga: Camilo de Ory y Luna Miguel. En C/ Álamos. beso!)