lunes, 1 de febrero de 2010

carita de lunes


Los fines de semana se me olvida que trabajo y el lunes me pilla siempre a contramano.

Todos los planes de escribir del viernes han quedado aparcados en algunas notas breves en la moleskine y en algún pensamiento abstracto, cuando he llegado a las nueve menos cuarto a casa era incapaz de hilar dos frases.

Últimamente me pasa que me cuento las historias a mi misma. ¿Cómo lo explicaría? En lugar de dejar las ideas en abstracto, las voy escribiendo en mi cabeza, voy perfilando las frases mientras paseo, cuando estoy a punto de dormir, cuando cocino… Cierro párrafos, elevo expresiones… Quizá sea que estoy trabajando en clase la literatura oral y me he vuelto juglar de los pasillos, pero la noche del viernes tuve que levantarme de improviso a cazar las frases que ya había perfilado dando vueltas en la cama y vuelvo a casa del trabajo narrando en un susurro la vida de la gente que me cruzo.

Me apetece contar las historias en voz alta, contar cuentos, comenzar a desnudar un pensamiento y ver hasta dónde puede llegar hecho verbo.

Por eso, muchas veces, llego ahora a casa y con el abrigo y todo me siento delante del ordenador a encerrar el pensamiento que traía en el camino, saltando charcos. Por eso, con demasiada frecuencia, cuando tengo tiempo para escribir, todos los pájaros se me han volado y, con las manos llenas de alpiste, me siento a esperarlos.

No deja de frustrarme este trabajo con horarios insensibles… tengo a Lobo, quiero quedarme con él. Querría secuestrarme a mí misma… vuelven los sueños de Gijón, el mar y mis novelas.

Cinco meses, sólo cinco meses más.

2 comentarios:

Allek dijo...

maravilloso blog, me ha gustado
muchos abrazos para ti..

Antonio dijo...

uoooo... acabo de enterarme de lo de lobo (tenía entradas atrasadas, si...)

ya me cuentas!