domingo, 28 de febrero de 2010

palabras deletreadas por una canción (a veces sin demasiado sentido)


Es demasiado tarde para actualizar, de hecho, no iba a hacerlo, pero escucho "another lonely day" de Ben Harper y las palabras intentan fluir a través de mí como si fuesen un ritmo más de la melodía serena de esta canción.

Nacho dice que marzo tiene tantas ganas de pillarnos con su manto negro de recuerdos, que alarga sus nubes hacia nuestros zapatos y se nos tropieza en un jueves cualquiera que prometía ser diferente. Puede que tenga razón, pero yo nunca había pensado en marzo como un mes para nada, de hecho, siempre suelo olvidarlo. Una noche como hoy, hace un año, quizá pensaba que no lo podría borrar de mis recuerdos, pero no es así. Me gusta seguir comprobando que tengo una alta capacidad para equivocarme, eso me permite una reinvención constante en busca de la felicidad. Aunque me vacile marzo, con su halo de catástrofes privado de besos.

Entre los tres libros de poesía que compré esta mañana, Sabines me recordaba que los amantes jamás serán felices, pero yo encontré un gorrión negro de lata que dejar en la estantería.

Me ha diluviado, ¡cuánto me ha diluviado sobre ese suelo de piedra mientras aguantaba las ganas de gritar a nadie que la cosa dejaba de tener gracia!. Y, aún así, mi madre se sorprende porque digo que aún no estoy cansada de la lluvia. Será que me acostumbré al cielo gris y a saltarme los charcos contándome aventuras.

David me dijo: "mientras que no se supera, es un problema, una vez superado es una aventura", y el chef me ofrecía mi plato preferido para compensar, con fresas, una tarde de dolor de cabeza insoportable.

Al final la música siempre me acaba llevando a alguna parte -me lleva y me trae como en este mismo instante incomprensible-, me gusta cómo se ríe Antonia a carcajadas cuando sale de la casa de mis padres y me gustan los abrazos de Javi cuando estoy cansada y pasa a ser el hermano mayor como por arte de magia.

Me gusta compartir la ciencia ficción con mi padre y la sombra en la pared mientras escribo, me gusta el café fuera de casa y pasear antes de que abran los comercios, descubrir que mi intuición conoce el camino y salir de la ducha empapada de ideas. Me gusta este momento en que los ojos se me van cerrando conforme inauguro una media sonrisa de satisfacción y chinchería -lo que vendería hoy por una caricia-, me gusta este ronronearme y saber que aunque sueñe que aquel brujo quiere lanzarme sus cuervos para arrancarme la piel, el río siempre, siempre, podrá mantenerme a salvo -esto último, simplemente, lo soñé-.

Buenas noches, corazón, -suena por última vez la canción. Elijo la foto. Silencio-.

1 comentario:

La sonrisa de Hiperión dijo...

Un placer siempre pasar por tu espacio. Siempre algo diferente y enriquecedor... Bebiéndome tus letras.

Saludos y un abrazo enorme.