lunes, 1 de marzo de 2010

en el puente nadie podía quedar



A las tres de la tarde (siendo positivos) nos encontramos en la rotonda de los pavos reales y comenzamos a gritarnos con las ventanillas bajadas, siempre es una buena manera de saludarse cuando todo el mundo va montado en un coche.

Ana está mucho más grande en sólo un mes y Pedro y Claudia traen un carrito que metemos a presión en el maletero de Juan y Leticia. Antonia está desesperada porque no llegamos y los abrazos se llenan de risas y de un “nadie podía este puente”. Pronto estamos contándonos anécdotas, compartiendo aventuras y bromas.

Pablo se deja querer y jugamos de mil maneras entre abrazos y bocados, rugimos como leones, ponemos voz de monstruo, nos guiñamos los ojos y corremos al ataque.

Luis llama cuando estamos en la catedral y llega justo a tiempo para la foto de familia y para que nos asalte un grupo de payasos en el silencio de la tarde.

Como es tradición, merendamos crêpes en una tetería y Pablo se echa una novia con la que meter cojines en la fuente. Sólo falta Antonio, así que lo llamamos para cantarle aquello de “no van a poder” y el “chi, chichi, chí”, pero parece asustado y nos cuelga. Al final conseguimos una llamada a gritos para decirle, simplemente, que lo echamos de menos en ese preciso momento.

El tiempo se pasa volando y, de pronto, estoy dando abrazos y besos de despedida. ¡Qué lejos y qué cerca estamos!

2 comentarios:

Antonia dijo...

El tiempo se pasó entre los dedos pero la sonrisa permaneció muuucho más tiempo.

Juan y Leticia dijo...

No se si decir si el 20 no podremos quedar, porque así nos llevaremos esa gran sorpresa de estar todos juntos (casi todos, habrá que arreglarlo)