sábado, 13 de marzo de 2010

celebraciones


De herencia de los antiguos escritores me debe de venir este placer por despertarme en una enorme cama de hotel de sábanas blancas y sentir deseos de cazar ideas sobre el papel. De eso o de que, por mucho que me sienta rana, como dice Marta, acabo siendo una princesa rana, porque despertar entre algodones me resulta irresistible.

Ayer se graduó mi hermano Javi. Para todos fue un día muy especial y no sólo porque se puso hecho un pincel e iba guapísimo, sino porque nos sentimos orgullosos de él, de todo lo que va consiguiendo, de que recoja buenos frutos de su esfuerzo diario. Siempre pienso que Javi sigue teniendo cinco años, me resulta dificilísimo pensarlo tan grande como es, tan independiente y divertido, todavía me creo que me va a pedir que le de la mano mientras duerme porque tiene pesadillas.

También era ayer el cumpleaños de Lucía. Seis añazos ya. Seis dulces años llenándonos la vida de luz con su risa alegre y su nariz perfecta. Seis. Parece mentira. Y de regalo me pedía cuentos y más cuentos, hasta que decidimos inventar un nuevo cuento de la princesa valiente. "Cuéntamelo otra vez", me pide clavando los ojos en el infinito, es incansable.

Y todas estas celebraciones acaban en un hotel en el centro de esta genial ciudad que siempre me genera envidias, acaban entre los cuatro almohadones donde ahora me encuentro, escribiendo mientras planeo un paseo en busca de literatura y pequeños milagros.

2 comentarios:

La sonrisa de Hiperión dijo...

Los pequeño milagros que se encuentran, así por arte ed magia... es pura poesía, verdad?

Saludos y un abrazo enorme.

Roberto dijo...

la literatura es milagro cotidiano...

un beso para tu tarde de domingo