miércoles, 18 de noviembre de 2009

animales


Hoy tenía examen con primero de la ESPA, hemos estado repasando un poco de morfología y quería examinarlos ahora que lo tienen todo fresco en lugar de dejarlo para más tarde. Además, la morfología es quizá algo de lo que menos me gusta de mi especialidad, así que cuanto antes me la quite de encima, mucho mejor.


Cuando hago examen vienen muchos más de mis chicos, así que nos repartimos como pudimos por el aula y los obligué a montar el "mercadillo" debajo de la pizarra con todas sus mochilas, carpetas y demás.
-Maestra, ¡qué desconfiada! -se quejan.
Pero no hace tanto tiempo que era yo la que se sentaba donde ellos. Así que escucho marcial sus críticas y los mando callar para repartir los exámenes. Pronto empiezan a resoplar y eso que yo consideraba que era bastante fácil.

Mientras pasan los minutos no me puedo resistir a dar alguna pista inspiradora, intentan picarme para que les responda más, pero me niego a entrar en sus juegos. Ramón me mira muy serio:
-¿Puede venir a solucionarme una duda?
-No -me río-, desde aquí y en voz alta que me lías.
-¡Por favor...!
-Que no Ramón, que nos conocemos y vas a querer que te diga la respuesta.

Los demás se ríen y comienzan a levantar las manos. Impongo orden rápidamente y escucho que Alberto murmura: "ya está la sargento". Sonrío y sigo paseando a la caza de chuletas. Uno de los alumnos que termina antes me enseña un justificante para hacer el examen que perdió, el primero que hicimos. Le indico que suba a sala de profesores y pida que le den los folios sueltos que hay en mi taquilla.
A los dos minutos vuelve con las manos vacías.
-Dicen que subas tú, que no saben cuáles son.
Resoplo y le digo que vuelva e insista. Al poco rato aparece seguido de una compañera que lleva todos mis folios. Se lía un poco de revuelo en la clase mientras mi compañera me explica que no se fiaba. Sin pensármelo dos veces me vuelvo para la clase y doy una voz. Todos se callan y vuelven a sus exámenes.

-Si necesitas que te eche una mano... -propone servicial y compasiva mi compañera, arrancándome una carcajada.
-No... no te preocupes... -me río y la acompaño a la puerta.

Juanma no es capaz de esperar a que cierre:
-Ni que fuésemos animales, maestra... -se queja por el comentario de la otra profesora.
Y me hace pensar, me hace pensar en la imagen que dan y en lo que de verdad son, en lo brutísimos que pueden llegar a ser y en lo que puedo llegar a reírme con ellos. No son malas personas, sólo estaban sin domesticar y, poco a poco, se dejan hacer.

No hay comentarios: