sábado, 14 de noviembre de 2009

Salvemos otro sábado (y el día está sin acabar)


Granada amanece de frío y al levantarme para escaparme del dormitorio para tres (preludio de una montaña), descubro en el patio de atrás de la casa de mi hermano una estampa para fotografía con tres hombres desayunando al sol, descalzos, con un perro y ropa tendida, dos sofás y la luz.


Esta casa respira un aire distinto, por fin nos ponemos en marcha y tras despertar con un café, Javi nos encuentra y nos conduce como general de la aventura. Primero me lleva a una tienda de libretas y tipos de papel, sabe que me enamoran estas cosas y me resisto sobremanera para no comprarlo todo. Lo que sí tengo que comprar es la nueva Moleskine para este invierno, tengo ganas de empezarla, de contar las historias desde la yo que soy ahora. Después miramos escaparates bonitos y nos encaminamos al encuentro con Antonio.


Tras callejear, nos sentamos frente a la catedral escuchando guitarras, Marta disfruta su cámara nueva y llega la primera parada en busca de una tapa. Bea nos sorprende unos segundos, pero después escapa. Tanteamos distintos lugares hasta que nos asaltan Juan y Leticia con besos, abrazos y noticias. Tenía muchas ganas de ver a Leticia, de escuchar su crónica del último puente, leer en sus ojos la alegría. Nos equivocamos de bar y tropezamos por callejuelas hasta llegar a una tetería.


Piden un narguile. Definitivamente no sirvo para fumar y parezco un dragón enfermo hablando mientras el humo me raja la garganta y se me escapa por todos los poros de la piel arrancando las risas de Marta. Charlamos, contamos anécdotas, y a quien madruga, "patada en los cojones" (probadlo, cualquier primera mitad de un refrán se convierte en algo magnífico si después lo acompañas de esa estúpida frase). Javi me salva la ilusión y corre a su casa, bastante lejos, aunque no me lo dice -él asegura: "si está muy cerca, muy muy cerca"-, para traerme el regalo de Marta. Este año tiene una caja de tesoros con poemas, fotografías, besos y escrituras. La tetería es el lugar ideal para descubrir los pequeños detalles de sus veinticinco años.


Cuando nos despedimos de todos, cuando sólo quedamos el equipo de la mañana, nos encaminamos al paseo de los tristes en la noche de Granada. Canturreo una canción y mi hermano me enseña los gatos, nos quedamos helados y decidimos volver a su casa, para aprovechar los sofás, la música que ahora suena inspirándome, para observar a Marta leyendo mis comentarios en nuestras fotografías, para sentirme libre y feliz, rodeada de los que amo.


Y una trompeta acompañada de piano me recuerda que la noche está por empezar.

1 comentario:

La sonrisa de Hiperión dijo...

A los sábados habría que meterles fuego.... si no salimos nosotros mismo ya ardiendo de ante mano... jajaja

saludos y un abrazo