domingo, 15 de agosto de 2010

eclipse



El viaje con Isra que debía durar todo este fin de semana, se ha quedado en 28 horas de infarto. ¿Por qué? Porque cuando recibes un mensaje con el número de una habitación de hospital como único texto, los nervios se te revolucionan un poco. Así que, aunque Juan me tranquiliza y me dice que por ahora las cosas están bien, no puedo evitar salir volando de vuelta a casa para no perderme el momento en que Juan pequeño aterrice en este mundo. 

Poco tienen que hacer contra eso las magníficas vistas desde la torre Tavira, los libros de poemas del pequeño librero, la brisa marinera, los adoquines, las historias, la muralla, los abrazos, los mojitos y las risas, poco tienen que decir las rocas del castillo, los peces de rayas y el pez lagarto, las cosquillas, las algas y las mareas, el sol, la luz, el viento, los pescadores que me aconsejan cómo dar el siguiente paso, el dos, el noveno piso, el reencuentro con Juanen o los planes para el pópulo... el corazón me late de prisas por volver. 

Y eso me permite compartir esos últimos momentos antes de que al amanecer, se oiga una tos y un llanto, antes de escuchar a Juan pequeño al otro lado del teléfono, antes de ver a Leticia dulce y feliz con su niño entre los brazos. 

¡Bienvenido, Juan, tesoro, milagro de Dios! ¡Bienvenido al mundo!


2 comentarios:

La sonrisa de Hiperión dijo...

Siempre, en el llanto de un infante, está el dolor y las lágrimas de alegría de una madre sobre sábanas blancas. Bienvenido sea...

Saludos y un abrazo.

cuadernodebitacora dijo...

Qué despiste, leí que estabas en Tavira y al ver la foto dije: pero si parece Cádiz. La perspectiva es nueva para mí, me costó identificar algunos edificios y la Bahía me pareció más grande.
Una semana y media antes y puedes ver el estreno de la obra de mi grupo en el Pópulo.
Un bebé, lo mejor