lunes, 23 de agosto de 2010

era un domingo en la tarde, fui a los coches de choque...



Chica y yo tenemos la tradición de ir las tardes de los domingos a la playa juntos y terminar tomando yogur griego con fruta y cereales en un lugar que nos encanta. Esta vez se nos unieron también Manolo y Héctor, dos nuevos amigos de prácticamente una semana de antigüedad, que propusieron terminar el plan del domingo por todo lo alto: 
 -¿Queréis hacer feliz a un niño? -dijo Manolo cuando íbamos en el coche hacia la playa- ¡Pues esta noche vamos a ir a montarnos a los cacharritos porque es el día del niño!

Así que, después de tomar el sol y nadar junto a las rocas, después de contemplar al hombre feliz del bañador blanco dando el espectáculo, tras descubrir un poema genial de García Montero y presenciar una pelea de yogur y azúcar, emprendimos camino a la feria. A pesar de las promesas de ir tal y como estábamos en la playa, todos me "traicionaron" y era la única a la que se le notaba que venía de tomar el sol, pero con la locura que se desató, ¿a quién le importaba?

Siempre he sido una cobarde y, si a eso le sumamos mi vértigo, es fácil imaginar que no me monté en ninguna de las atracciones. Me conformé feliz con mi tarea de sujetar los bolsos y reírme de las caras de miedo de Manolo y Héctor en el barco vikingo. Tras pasar por los coches de choque y por el aladelta, llegó la hora de la patata asada de rigor en toda feria y, cómo no, de tirar dardos, escopetas, pelotas y balones para conseguir premios que no llegaron.
 -¿Por qué los canis llevan puñados de regalos? -se preguntaba más de uno viendo a las familias cargadas hasta arriba de peluches y cafeteras. 

Ni siquiera hubo éxito, lo que se dice éxito, con el turrón de lacasitos que se le antojó a Chica en el último puesto. Así que con el de chocolate volvimos al coche entre risas y venganzas después de haber hecho felices a cuatro niños que llevamos dentro.

Cuando nos despedíamos caí en la cuenta de lo fácil que es conectar con algunas personas como si las conocieses de toda la vida y lo difícil que resulta a veces entablar conversación con alguien con quien has compartido lo indecible. Curiosidades de la vida. 

2 comentarios:

La sonrisa de Hiperión dijo...

Lo que une los coches locos (es como llamamos por aquí, a los coches de choque....).
Todos llevamos un algodón de azúcar dentro, sólo tenemos que saber por donde empezarlo, para sacar lo mejor de él.

Un besazo.

Dara Scully dijo...

Las peleas de yogurt son mis favoritas, de siempre (con permiso de las peleas de almohadas)



(té y dos
sonrisas)