lunes, 21 de diciembre de 2009

definición de esperanza

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Cuando me confirmé, entré en JMV. Al principio un poco porque mi madre me animaba, con dudas, con deseos de no mojarme, después movida por la ilusión de compartir. El grupo ya estaba formado y llegábamos algunos de nuevas, pequeños y nerviosos, sin saber qué se esperaba de nosotros. Pero el tiempo pasa, las personas cambian, el Espíritu actúa, y el grupo grande se fue quedando en un grupo pequeño de cuatro personas. La fe trenzó los lazos de nuestra amistad. Y el trabajo destrenzó los lazos de nuestra fe, alejándonos.

Desde principios de verano algunos barajábamos la idea de volver a encontrarnos y este fin de semana nos decidimos a acudir al retiro de Adviento que JMV programa todos los años para estas fechas. Aunque esperábamos ir todos, al final acudimos Antonio, Juan, Leticia y yo. Dos de los cuatro que fuimos, cuatro de los siete que somos hoy.

Poder compartir con ellos mis ideas y mis dudas, mi fe y mis compromisos, es como aligerar la carga cotidiana. No importa que haya pasado el tiempo, que hiciese incluso años que no hablábamos con esa sinceridad, las palabras van naciendo en el pequeño cuarto donde nos refugiamos para no romper el climax. Y junto con las palabras, los proyectos, los sueños de futuro, las ilusiones.

Esperanza y confianza aparecen de la mano, buscamos la definición correcta y damos vueltas intentando precisar lo que queremos. Ponemos en manos de Dios nuestra propuesta y comenzamos a mover los hilos para que todo pueda ser, para que esta sed de comunidad se vea saciada pronto y podamos tenernos de nuevo, los unos a los otros, abrazando nuestras vidas.

Sabemos que es difícil, que no somos los mismos, que el tiempo, las heridas, los triunfos y los fracasos nos han ido formando de otra manera. Aún así, esperamos que esta fe que nos hizo amigos, nos haga ahora hermanos.

Alimento la esperanza, con carbón del dulce.

1 comentario:

Juan y Leticia dijo...

Me superencanta esta entrada! ;)