lunes, 14 de diciembre de 2009

el miedo le capturó los sueños

geraynieve 031

Diego dejó de venir a clase la semana pasada. Esta noche, entre la tormenta de nieve y los desvelos cotidianos, soñé con él. Lo recuerdo porque lo saboreé para que fuese el único sueño que recordase al levantarme. Soñé que volvía a clase.

Cuando esta tarde he llegado al pasillo estaba sentado, cabizbajo, abrazado a su carpeta. Diego tiene más de cincuenta años y ha vuelto a estudiar porque era la espinita que tenía clavada, para él es un sueño tener la oportunidad de aprender y disfruta de cada asignatura como si se tratase de un mapa del tesoro. Pero tiene miedo.

Miedo de no hacerlo bien. Miedo de pagar caras sus renuncias por un sueño que no sabe lo que le va a costar. Miedo al fracaso. Miedo a no ser perfecto. Yo no sé cómo curarle el corazón cuando me confiesa sus terrores.

-Respira… –le digo en el silencio de la clase-, estás abriéndote una herida. Estás luchando contra ti.
-Siento una presión en el pecho…
-Que parece que te ahoga, no puedes dormir, no puedes pensar en nada y sientes pánico a pensar porque eso te paraliza… Respira…

Me mira con los ojos llenos de lágrimas y querría salvarlo. Querría tener las palabras mágicas que aliviasen su carga, pero no las tengo, sólo tengo mi pobre experiencia, mis alas mordidas y mi fe.

-Me quedé anclado –susurra y me cuesta trabajo seguirlo-. Soy un niño, no crecí, mi mujer me lo dice siempre, tengo tan caros los sueños…

No puedo evitar sonreírle. Me llena de ternura. Me gustaría poder sentarme con él y escucharlo, escucharlo descargarse de ese peso que lo hace andar despacio y encogido. Pero la clase está llena de gente y soy su profesora y sólo tengo veinticinco años y otro agujero en el pecho…

-Llévate este texto –le indico-. Léelo, sin cargas, sin peso, disfrútalo porque es hermoso, habla de lo que estás sintiendo.

Cuando me lo cruzo a última hora es una sombra, le pregunto y me observa como desde lejos, los ojos perdidos y húmedos.
-Diste un paso.
-Vine…

1 comentario:

Israel Jesús dijo...

Cuanto más edad, más experiencias, pero el orden en el que nos ocurren no está definido.

Las experiencias son dones que recibimos de Dios, si las guardamos por temor a perderlas (o a que no sean útiles), caerán en saco roto.


Gracias por compartir tus dones.

Te quiero! y te echo de menos!