viernes, 11 de diciembre de 2009

Odette, una comedia sobre la felicidad


La decoración de navidad ya llena la casa de mis padres. El árbol brilla rojo y dorado junto a las puertas grandes del salón y un misterio rodeado de velitas ocupa la parte central. La casa está silenciosa. Me he quedado sola, Javier al final no ha venido y la tradición de los viernes dicta unas cervezas con los amigos para mis padres.


Odette aparece en la televisión prometiéndome pequeños milagros. Se conforma con poquito. No importa qué se derrumbe, ella sabe encender la ilusión en los rincones más diminutos. Yo la envidio, intento tomar apuntes, aprender de sus motivos. Se cruza con Jesús sobre las aguas y conversan, Jesús alegre o triste, como ella, que canta entre cristales autorizando a la imaginación a campar a sus anchas.


La primera vez que vi esta película, hace unos ocho meses, preferí no atender demasiado a todos sus pequeños detalles, mi corazón no era capaz de comer otra cosa que no fuesen piedras. Hoy miro a Baltasar, intentando curarse junto a ella, buscándose en lo minúsculo, alejado de las palabras.


Y viajan junto al mar ("¿Al Mediterráneo?", "¡Qué barbaridad! Al mar del norte") como hago yo cuando soy incapaz de encontrarme tierra adentro, porque Odette no estaba de humor... Odette que inventaba la belleza para los demás...


"He venido porque mi hijo necesita aprender algo, para saber si todavía da clases de felicidad". "Quiero hacerte feliz", "Hacía mucho tiempo que un hombre no me decía eso".

1 comentario:

La sonrisa de Hiperión dijo...

A mí, me pasa eso... que me encanta que me hagan feliz....


Saludos y un abrazo enorme