domingo, 13 de diciembre de 2009

tribulaciones de una chica en tierra de orcos



Gerardo me recoge en la gasolinera y para su mercerdes para bajarse y fundirme en un abrazo. Nada más verme ya se está riendo. Me contagia enseguida. Dejamos mi coche en su casa y me lleva a ver la sierra, a pasear por el valle con la nieve de fondo y el sol bañándolo todo.




Echaba mucho de menos a Gerardo, no sabía cuanto hasta que estamos juntos. Hasta que comenzamos a contarnos cómo nos ha ido la vida estos meses. Él bromea, como siempre, hace chiste de todo y me invita a no parar de reír. Es fácil estar con Gerardo, de pronto no han pasado los meses, volvemos a tener la misma complicidad y nos abrazamos al ritmo que nos tiramos del pelo, gritamos y nos burlamos el uno del otro.




Me gusta cómo me escucha Gerardo y cómo me cuenta las cosas, cómo podemos pasar de la seriedad más absoluta al más total de los absurdos. Me siento en reciclaje, todo aparece en perspectiva.




Cuando estamos paseando llama su primo "el orco". No tarda en apuntarse a los planes y entonces yo comienzo a explicármelo todo. Si Gerardo es rápido, creativo y bromista, su primo debe ser su más admirable maestro. Casi no puedo dar bocado durante la comida, porque entre anécdotas, bromas, chistes y chascarrillos me da miedo atragantarme. Las aventuras están servidas, y como tienen buen público, van complementándose hasta que el bar se llena por completo de nuestras carcajadas.




Rodeada de orcos recibo todo tipo de propuestas: patinar, esquiar, hacer surf, viajar, escaparme un fin de semana... Me siento acogida y también totalmente abrumada por la información y por las continuas ofertas. El orco mayor es toda una caja de sorpresas, lo descubro cuando nos lleva a la casa que se está construyendo él mismo: "la casa de Goku", la bautizo sin dudar, porque es una estructura redonda con ventanas en forma de ojal que apuntan hacia el cielo. Casi no doy crédito.


-El próximo callejeros van a sacar a mi primo el orco -se burla Gerardo después de que me han contado que es pianista, estanquero, maestro de obra y además se ha construido su propio coche. La verdad es que me siento de una simpleza tremenda.




Disfruto como una enana hasta que los enredos empiezan a liarse cada vez más y de invitada paso a presa y a escapar.


-No hace falta que te lo diga más -me abraza Gerardo cuando, por fin solos, volvemos a despedirte-, sólo tienes que llamar, venir y quedarte con nosotros. Te vienen bien aires nuevos, gente nueva, nuevas relaciones.
Y sé que lo haría feliz, que si llamase más a menudo y me plantase allí, en su tierra de orcos, lo haría muy feliz.

1 comentario:

La sonrisa de Hiperión dijo...

"Rodeada de orcos recibo todo tipo de propuestas: patinar, esquiar, hacer surf, viajar, escaparme un fin de semana... "


nada mas que el título tiene el asunto un olorcillo a turismo medio-rural, con tios en ristre... que echa apra atrás... Es que lso tíos somos así... jajajaja

Saludos y un abrazo