miércoles, 28 de abril de 2010

a dormir


Cuando era pequeña y vivíamos en una casa, me gustaba fingir que me quedaba dormida en el sofá para que papá me subiese en brazos a la habitación y así evitarme el horrible ritual de encender las luces, deshacer la cama, dar las buenas noches, rezar, apagar las luces, conciliar el sueño... Era mucho mejor hacerlo todo como por arte de magia y, en duermevela, amanecer entre las sábanas.

Ahora los rituales no me los evita nadie.

Llega cierta hora en la que me caigo de sueño, digo tonterías, se me acaban las ideas, me apetece leer, miro el reloj del ordenador y mando a alguien a la cama... Entonces el run run de esta máquina se acompasa al del reloj de pared a mi espalda. La calle está vacía y la luz de la farola inunda un pedacito de mi balcón -como ahora, cuando sólo se escuchan mis teclas y un único coche que ha pasado por la esquina-. El ritual comienza.

Primero apago el ordenador, llevo a la cocina la taza de té o café que se haya quedado aquí de la tarde, vuelvo a la entrada para echar la llave -la ruidosa llave que deben odiar mis vecinos-, hago el truco para la luz del pasillo, apago la luz del salón, la de la entrada, paro primero en el baño, después bebo agua y, por fin, llego a mi cuarto. Siempre se me olvida algo -en eso le salgo a mi padre-, la bata en el salón, el teléfono en el bolso, la novela sobre la mesa del comedor... Deambulo, doy varios paseos y, por fin, me preparo para leer un poco.

Es el único ritual que no abandonaría. Es la única forma que tengo de conciliar el sueño. Si no las ideas me asaltan como mosquitos de madrugada y no me dejan dormir. Me pongo a vivir la vida de otros. Apago la luz, ronroneo a un lado y después al otro, escucho el edificio e imagino.

Son las tradiciones de esta casa, las del año pasado eran distintas, y me gustan porque son mías, pero claro, no puedo negar que las cambiaría porque me llevasen con magia hasta la cama y me contasen un cuento.

2 comentarios:

La sonrisa de Hiperión dijo...

No digas eso que se cumplen... que los hombres decimos demasiados cuentos para llevar una chica a la cama... jajajaj


Saludos y un abrazo!

Antonia dijo...

A cada momento, a cada día que pasa me va gustando cada vez más esos descubrimientos de mi misma, de esas cosas que son mias y de nadie más.

Poco a poco los fantasmas del silencio se van quitando la máscara para convertirse en aliados y regalarme paz.

Me gusta reconocerme en las cosas sencillas que escribes... en las complicadas no hay quien te supere ;P