jueves, 29 de abril de 2010

el poeta del jueves


"Los que lee poesía la necesitan como drogadictos" dice Francisco Brines en un periódico que encuentro sobre la mesa de la sala de profesores. Enseguida me conquista con la frase y tengo que leer la noticia completa. Es más, después, cuando he saboreado sus palabras como hombre, busco rápidamente sus palabras como poeta y dedico mi rato libre de la tarde a leerlo.

Me gusta leer poesía como si me hubiese sentado debajo de un aguacero. Mi impaciencia me hace recorrer con prisa las palabras, no sé leer calmada, tengo que dejarlas destrozarme. A veces, un verso, enciende el mundo con tanta intensidad que temo quedarme ciega del corazón y subrayo con fruición en los libros. No me gusta meditar la poesía, no me importa lo que quiso decir el poeta, sus versos son míos, me los dejó. Así que la poesía es rápida conmigo, huracán, desconcierto.

Durante el examen de métrica en el que se afanan mis alumnos, leo a Brines dejándome sorprender por su relación con el tiempo, por su relación con el final seguro y con el mar. Cuando leo a Brines deseo visitar Grecia, desnudarme, sorprender la madrugada, coronar un tejado, preguntarle a mi suerte: "¿quién, quién soy?" y quedarme callada.

2 comentarios:

Roberto dijo...

exactamente como tu los has dicho, así siento y leo la poesía...me gusta su primer deslumbre a quemarropa, nada de reflexiones y análisis posteriores...

necesito de ella, no puedo pasar mucho tiempo sin caer en sus brazos...

La sonrisa de Hiperión dijo...

La poesía es el huracán que mueve al mundo...


Saludos y un abrazo