viernes, 18 de junio de 2010

las despedidas


-A la maestra le echaba yo un cubo de cemento a los pies y la ataba al colegio con una cadena para que no se fuese -propone Joaquín al grupo mientras los convido a unas cocacolas de despedida en la cafetería del instituto.
-¿Y cuando vosotros terminéis el año que viene, qué? -me quejo recibiendo la mirada cómplice de Raquel.
-Si tú te quedas, maestra, yo me quedo contigo -responde muy serio Joaquín y recuerdo aquella segunda o tercera clase en la que me propuso ir a cenar juntos.

Las despedidas han comenzado a ser una realidad en los últimos días de clase. Y la verdad es que voy a echar de menos a más de uno. Sentada en la cafetería con el grupo de primero de la ESPA, compartía con ellos -arrancándoles carcajadas- aquellas primeras impresiones que tuve en las primeras horas que pasamos juntos, cuando parecían más un equipo de fútbol americano que otra cosa. Quiero decirles lo que me importan, pero al primer intento noto que la voz va a quebrárseme y cambio de tema.

-No importaba que llorases -me dice mi compañera María José cuando se lo cuento. Pero ella no entiende cómo traduce el mundo mi clase de la ESPA, si me hubiese puesto a llorar yo habría sido una chica más, sensible y sin credibilidad, que les dice que han sido importantes porque no tiene criterio, porque es débil. Por eso espero, bebo de mi vaso, me río un rato más con ellos y, cuando por fin me veo capaz de hacer uso de mis dotes dramáticas para explicarles lo importantes que han sido para mí, lo hago.

No me guardo nada, aunque Oscar, de primero de bachillerato esté estudiando en la mesa de al lado, les confieso que esperaba a que llegase mi hora con ellos, que me han alegrado los días, que ha sido un placer y un honor trabajar con ellos, que confío en que lo conseguirán, que me preocupan, que los quiero. Y entonces a Alberto le brillan los ojos y Mercedes no busca una frase para salir del aprieto. Entonces sí que van a recordar que son importantes, que sé que detrás de todo ese follón que montan cuando pueden, hay personas que merecen la pena y mucho. Que yo creo en ellos.

Esta mañana llegaron las segundas despedidas, esta vez en el diurno, con mis alumnos de Diversificación de los que hablé ayer. No están delante de la puerta de la clase cuando llego y, cuando abro, descubro que me han llenado el aula de globos de colores y los escucho gritarme en el pasillo. Están todos guapísimos, arreglados como si fuese un día especial. Ellas todas con vestidos de verano, trayendo chucherías para nuestra fiesta improvisada. Han hecho hasta una tarta y han preparado un discurso para hacerme llorar. Y lo consiguen, y las chicas lloran abrazadas a mi pecho mientras los chicos miran para otra parte evitando mirarnos.

-Vamos, Míriam -le digo cuando se me rompe en sollozos-, que no me he muerto, que sólo me cambian de instituto.
-Pero es que te he cogido mucho cariño... -explica entrecortada y Cristina se le une con su precioso vestido verde.
-Dime que vas a venir a vernos -me ruega con sus ojos negros y yo no puedo mentir.
-En navidad siempre regreso...
-Pero otro día, cuando tú no tengas clase y nosotros sí -insiste-, dime que vas a venir a vernos.

Me acompañan por el pasillo después de nuestra fiesta, de habernos reído, haber jugado y haber recordado anécdotas, incluida la nueva de hoy cuando han explotado todos los globos y ha subido el director porque creía que alguien andaba dando tiros por las clases.

Y yo no me lo creo del todo, no sé cómo encajar que es verdad que no habrá más mañanas con ellos intentando que la historia y la literatura no sean esos monstruos aburridos que se lanzan desde las estanterías.


2 comentarios:

MâKtü[b] dijo...

Has conseguido ponerme los vellos de punta una vez más...

Y empiezo a pensar que eres mi hermana y que a una de las dos la dieron en adopción, porque coincidimos demasiado!!! xD Ya mismo nos vemos en "el diario" o algo xDD

Pues yo siempre estoy en el sur, por ahora no me he movido de málaga, pero como vivo lejitos de la facultad estoy en un piso de estuantes, y llega la hora de volver a casita, pero este año se me esta haciendo más difícil...

Las cajas las tengo aún vacias, me da miedo llenarlas, creo que aguantaré hasta el último dia del mes...

Espero que disfrutes tanto o más en tu nuevo destino ^^

La sonrisa de Hiperión dijo...

fin de cursooooooooooo
jajajaja


Saludos y un abrazo.