lunes, 7 de junio de 2010

línea del pensamiento irracional-acalorado


Me noto cansada.

Cuando ando voy pensando "undostrés, undostrés" a ritmo de circo para que el calor no me haga seguir una marcha de hormiguita perezosa.

Me pasaría horas debajo de agua en estos días en los que ya sobra toda la ropa y comparto terraza con mis vecinos.

Marta ha terminado de maquetar Lobo para el concurso y mi tía ha empezado a devorarlo sin dar pie desde que le llegó al correo. Yo me he pasado la hora libre de la tarde imprimiendo y encuadernando.

Diver me notó triste cuando llegué a clase esta mañana, pero había examen y tregua para respirar antes de que acabasen y pudiésemos volver a hablar de tonterías o de cuando nos echemos de menos.

He merendado una palmera de chocolate con María José y con Toñi mientras reíamos y planeábamos la noche del miércoles, eso sí que son pequeños milagros -también tu nueva canción, claro-.

Ahora tengo unas sábanas verdes y azules que me recuerdan a los campamentos de verano y no estoy leyendo poesía.

He hecho una lista con mis canciones preferidas y suena ahora mientras escribo pensando en todo lo bueno del día, como el tomate fresco explotándome en la boca, o volver a conocer a mi primo Jose o visitar recuerdos de mis abuelos y estar con Javier.

"Yo quisiera ofrecerte más y no puedo", canta Juan Luis Guerra mientras un pájaro arrasa a voces mi ventana y la casa se me va quedando a oscuras.

Esta es una de esas actualizaciones que me encantan porque voy siguiendo la línea del pensamiento, aunque imagino que debe ser horrible de leer.

Me gusta que me leas, Chica, se me acaba de ocurrir y he sonreído pensando en la cara que pondrás desde el trabajo cuando entres aquí. Me hace ilusión pensar que os voy a tener cerca el año que viene, que vamos a poder hacer planes, que voy a recuperarnos.

Recuerdo la primera vez que escuché Quique con mi hermano y también la primera vez que Roca me cantó ojalá en la estación de autobuses de Málaga. Recuerdo cuando amé así, aunque tú no lo sepas. Y aquél último concierto y la discografía y el poemario de Eugenio y los cafés de máquina y tantas cosas buenas.

La música va conquistando y la sonrisa se me queda entre el sueño que arrastro, imaginando las conversaciones que surgirán esta noche, cuando no sea capaz de llevar la contraria y añore mimos en mi espalda de gato.

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