miércoles, 16 de junio de 2010

los nueve


El ciclo de cine social en clase se ha terminado hoy, cuando ya hemos discutido sobre nosotros y nuestras máscaras sociales, cuando todos aseguraban no seguir al líder y Míriam me miraba desde sus ojos negros como ascuas. Cada vez me doy más cuenta de que la despedida de estos nueve niños con cuerpos en cambio se me va a hacer cuesta arriba. Han sido muchas horas a la semana de tira y afloja, muchas las discusiones, las chucherías, los chistes y las complicidades. Parece mentira que sean el mismo grupo que me dejó agridulce en Navidad, que Alejandro sea aquel muchacho acostumbrado a llevar la contraria por regla de tres, que ahora se desnuda de etiquetas y se muestra tal cual es. Aún así, Adrián y sus sombras continuará siendo mi espinita clavada... ¡qué miedo esa incapacidad para disfrutar de la belleza!

Sin embargo, los cambios de David han merecido la pena, ese dejarse poco a poco hacer, dejarse conquistar y convencer por los planes del grupo. Su manera de mirar en las últimas clases de literatura hacía que cada una de mis palabras mereciese la pena. ¡Y la cara de Benito cuando lo pillo en un renuncio! Y su manera de reír... ¿Es Carmen la misma que cuando empezamos? Con esos ojos azules inmensos acaparándolo todo, con su capacidad de hormiguita y su silencio en los temas conflictivos. No como Alba, siempre dispuesta a batallar una idea y demostrar su independencia radical, su madurez a base de golpes, con las zapatillas de leopardo y los moños irregulares. ¡Qué identificada me siento con su manera absurda de llevar la contraria!

Y, mientras, Cristina y Miguel, dos cumplidores, asumen un papel irregular en la clase, aportando y retirando tropas cuando los demás merecen su protagonismo. Dos apoyos genial para cualquier líder. Miguel sereno, sonrojado al sentirse protagonista. Cristina a punto de explotar en una belleza alegre, amenazándome con lágrimas de despedida.

Hoy acabamos el ciclo social de cine. Hablamos de nosotros, quizá demasiado tarde, poniendo sobre la mesa las inquietudes, los miedos y los sueños. Regalándome un horizonte secreto de expectativas inconfesas.


1 comentario:

La sonrisa de Hiperión dijo...

Cuando la gente se abre, sin intermediarios, parece distinta, verdad? Cambia hasta su fisonomía a nuestros ojos.


Saludos y un abrazo.