lunes, 28 de junio de 2010

cri cri cri


A Lucía le cuento La princesa valiente y la jaula de grillos, una historia en la que una princesa con espada va al bosque a visitar a sus amigos los grillos, pero han sido secuestrados. El argumento es muy simple, pero a las dos nos encanta casi tanto como el de La princesa valiente y el dragón hipocondríaco.

La cosa es que cuando estoy contenta, o emocionada, siento que mi estómago está lleno de grillos diciendo "cricricri" sin parar como si fuese una risa constante.

Ahora los grillos casi no se callan y, cuando caigo en la cama, empiezan a tararearme todas las cosas bonitas que van apareciendo en mi nueva casa, recordándome la luz, las ventanas, las sillas, el sillón blanco, las tazas de Marta, las lámparas de luna llena, las estanterías enormes...

Así que doy vueltas y vueltas en esta cama sin nombre que se hunde cuando me siento, pero que permanece firme cuando estoy tumbada, como si quisiese engañarme para obligarme a ronronear todo el tiempo.

Por eso es tarde y escucho el reloj que lleva tres casas acompañándome, también los nuevos sonidos de este rincón del mundo, pensando en el concierto nocturno que me espera de ideas y proyectos y murmullos de mi asamblea emocionada de grillos.


2 comentarios:

MâKtü[b] dijo...

me encanta ese olor a nuevo!

Creo que voy a cambiarle el nombre, ya no se llamará blog, sino vecindad xD

Roberto dijo...

puedo oir esos grillos desde aqui...

abrsite una ventana y se coló la primavera para todos!

un beso...me gusta saberte feliz