martes, 3 de agosto de 2010

baraja


Jostein Gaarder es el escritor de mi libro favorito. Lo conocí con El mundo de Sofía -libro que, por cierto, tengo que volver a comprar porque lo presté hace años y no sé a quién-, cuando comenzaba a interesarme por la filosofía y pasaba las tardes de verano tumbada con la libreta y su novela, para ir tomando apuntes y recogiendo mis propias teorías. 

Más tarde, una navidad, llegó La joven de las naranjas. Lo recuerdo perfectamente porque me vi obligada a leer muy despacio para que me durase todas las vacaciones y como, aún así, no lo conseguí, me resigné a leerla dos veces. La joven de las naranjas se convirtió inmediatamente en mi libro preferido y creo que eso sólo lo comprendió mi padre, que lo leyó devorando de la misma manera que yo. Mi padre y yo somos unos románticos empedernidos, nos encantan las historias de amor y filosofía. Creo que he comprado ya tres o cuatro ejemplares de ese libro porque los he ido prestando o regalando. Yo siempre he querido ser la joven de las naranjas, pero me tuve que conformar con ser la espía del chico del jersey rojo. Aún así, Jostein Gaarder despertó nuevas maneras de ver el mundo, con esa costumbre suya de hacerme sentir habitante de un guisante. 

Por eso compré en su día El misterio del solitario, libro que estoy releyendo ahora ya que se lo aconsejé a Nacho después de estar hablando de comodines y de sus terroríficas teorías sobre el universo, y como no me acordaba bien, me pareció necesario retomarlo para poder pelearme con él. Ayer, frente al mar más transparente del verano, no pude evitar rodear uno de los párrafos. Hans Tomas nos cuenta que su padre colecciona comodines, compra barajas por todo el mundo y se queda únicamente con un comodín. Pero no lo hace simplemente como la persona que colecciona sellos o monedas o botellas... 

Mi viejo se consideraba un comodín. Lo decía muy pocas veces, pero yo sabía desde hacía mucho tiempo que se consideraba un comodín de la baraja. El comodín es un pequeño bufón, distinto a todos los demás. No es ni trébol ni diamante, ni corazón ni pica. Tampoco es un ocho o un nueve, ni rey ni reina. Es el que se queda fuera de todo aquello de lo que los demás forman parte. Está dentro de la misma caja, con todos los demás naipes, pero no es como ellos. Por lo tanto, puede ser retirado sin que nadie lo eche de menos. 

Recordaba ese párrafo. Si recordaba algo del libro, no era la trama, sino esa costumbre del padre de Hans. Quizá por eso llevo, desde ayer, preguntándome qué carta sería yo de toda la baraja. 

5 comentarios:

La sonrisa de Hiperion dijo...

Yo aun así... me quedo con El mundo de Sofía... Es que es casi imposible meter la historia de la filosofía en un sólo libro, y meter una trama, y quede bien... Estos tipos del norte... jajaja

Saludos y un abrazo

PeterPan dijo...

Me gusta mucho este libro de poesia, quizas a ti tambien:

http://www.casadellibro.com/libro-como-perder-n-94/1077815/2900001107864

Si lo lees, hazlo saber, :P

Patricia García-Rojo dijo...

Voy a pedirlo en mi librería o a buscarlo en las de la ciudad... no sé qué será más divertido

Charal dijo...

:blush: Confieso que aun no he leído La Joven de las Naranjas, aun no se ha cruzado en mi camino... El Mundo de Sofía por el contrario se llevó meses de abrir y cerrar, de cuestionar!

Sobre el punto de las barajas, qué te parece el 3 de corazones rojos? Qué del valor no lo sé, pero estoy segura que de corazones debe ser! ^^

DANI dijo...

Yo también lo he leido 2 veces y ya no recuerdo parte del viaje y de ese mundo paralelo de las cartas. Pero mi preferido es y creo que siempre será "El enigma y el espejo" , sin contar el Principito claro ;))

Parece que coincidimos en algunas cosa, eh? ja ja ja

Me alegra.

Besos enormes