martes, 4 de mayo de 2010

el café de la tarde


Los cafés de media tarde me deben venir de herencia materna, porque a mi recuerdo vuela el olor del café recién hecho en la cocina blanca de La Carolina mientras las ventanas daban al jardín y mi madre recogía los platos. Aunque no sé por qué, siempre que me preparo para este ritual, viene a mi memoria la casa de Karen y las tardes de manualidades cuando era niña. Recuerdo las tazas alemanas, sus manos hábiles, los muebles claros y los mil papeles variados con los que probábamos suerte sobre la enorme mesa.

Después fueron los cafés para poder dar las clases particulares de la tarde, los cafés en el despacho, en el escalón soleado del campo de los abuelos, los cafés de la biblioteca, los cafés antes del ensayo de teatro de los sábados sin fin sentados en el césped del campus, los cafés de verano helados, los de Londres de camino a la primera clase de la tarde, los cafés frente al mar de mis mejores veranos, los que disfrutaba con David y Jose el año pasado en Alcalá, los cafés de este año cuando visito a mi madre y me siento en la mesa verde a compartir cualquier anécdota del día a día...

Este café, el que disfruto en cada coma, junto al balcón acristalado, con Silvio llenándome de música los rincones porque las ramas del árbol se mecen en el viento despertando a la tarde, cuando mayo se me hace interminable y repaso cada uno de los cafés que se llevó este sillón blanco y esta luz ensimismada.

3 comentarios:

La sonrisa de Hiperión dijo...

Cuanto le debemos a la mulilla de Juan Valdés... verdad?
jajajaj


Saludos y un abrazo!

PeterPan dijo...

http://www.youtube.com/watch?v=cUWPcE-tjbI

Vagamundo dijo...

Aromas tibios de café. Tan diferentes a los del espresso italiano, en la metáfora. Ése, concentrado, se traga de un sorbo, y te deja el aroma el el paladar durante media hora, mientras, corriendo, continúas tu vida. Tan diferente al café que se sienta contigo y comparte tus recuerdos, tus ideas, tus lágrimas de azúcar amargo, tus sonrisas, tus apuntes...