martes, 18 de mayo de 2010

hasta el último segundo


Es parte de mi historia el buscar participar en infinidad de planes, ocupar mi tiempo con mil horarios, llenar cada milésima parte de mi día con una actividad programada. Recuerdo aquellos años de universidad, clases particulares por las tardes, ensayos de teatro, descanso de ocho a nueve, novela de turno o poesía, y talleres, voluntariado, grupos de trabajo, equipos de estudios, proyectos de dibujo...

Supongo que sentía que, con una buena planificación, manteniéndome ocupada, mi cabeza dada a la imaginación dejaría de crear monstruos y fantasmas.

Odiaba las vacaciones, el descanso. Necesitaba actividad.

Quizá es porque este año me he pasado o porque voy creciendo o vete tú a saber, la verdad, pero esta vez estoy cansada de buscar parches para ocupar cada instante. Quizá es porque tengo una novela entre manos y los relojes me chillan indicándome todo el tiempo que llego tarde a cualquier sitio. ¿Quién sabe?

La cosa es que añoro esos momentos de remanso, de dejar pasar el tiempo, de sentarme a leer durante horas, a escribir durante día, a comer gominolas con los pies en alto. Esos momentos en que puedes llamar y proponer un café sin preocuparte por la hora de vuelta.

A lo mejor es sólo que el día de hoy ha sido muy largo y que dormí mal y arrastro sueño, cosas mías. Será que quedan quince días para un futuro extraño y sobrecargo el horario para no pensar en nada.

Será, será, será que estoy cansada y quiero un beso y unos mimos.

1 comentario:

Juanfra Gallego dijo...

Tú también dibujas?

Estás escribiendo la segunda parte de tu novela o es algo nuevo?

Hoy va de preguntas.